8 personajes Disney que deberían salir del armario

Aunque el ademán se agradece (como eso, un ademán), lo cierto es que Disney no parece haberles hecho un favor especialmente significativo a sus seguidores LGBT. No sólo pues apuntar a LeFou (La preciosa y la bestia) como su primer personaje oficialmente gay suponga apuntarse de nuevo a una serie de estereotipos con poquísima gracia. El inconveniente viene, asimismo, por el hecho de que lo de este señor francés y bajito no es precisamente una novedad. Es más: muchos dirían que se veía venir desde 1991.

Y, como lo de LeFou, lo de tantos otros personajes. Porque contar con un público donde los gais, las lesbianas, los bisexuales y la gente transgénero son legión tiene que apreciarse por narices. Y lo de resaltar a lo largo de décadas como uno de los estudios con más personal no hetero, asimismo. Desde hace muchos años (y, más específicamente, desde su reaparecer a comienzos de los 90), Disney viene incluyendo en sus filmes personajes sencillamente identificables como LGBT, si bien el guión de la película no lo haga constar oficialmente. Aquí os ofrecemos los casos más notables.

Escrito por el bisexual Hans Christian Andersen, el cuento original de La sirenita tenía ya una doble dosis de subtexto. En cuanto a su versión animada, resulta mucho menos trágica… mas eleva el contenido LGBT hasta el infinito y más allí. Tómese como ejemplo a este crustáceo, que aúna un notable acento caribeño y un talento musical muy sabrosón a aquello que popularmente se conoce como “más pluma que un almohadón antiguo”.

Lo afirmamos desde ya: si La sirenita fue responsable del renacer de Disney en los noventa, no solo fue debido a su calidad y su atractivo visual, sino más bien asimismo a sus guiños destinados a los fanes gays del estudio. ¿A beato de qué, si no, dotó a esta villana tentaculada con los rasgos de Divine, la drag queen que fue musa del gran John Waters? Afortunadamente, eso sí, Úrsula no muestra exactamente las mismas proclividades dietéticas que su modelo practicaba en Pink Flamingos.

Aunque, por lo general, los guiños de Disney hacia su público gay han sido bastante respetuosos, el estudio ha recurrido a lo largo de muchos años a un estereotipo bastante deplorable: aquello que, en inglés, se conoce como “sissy villain” y que, en castellano, podríamos traducir como “villano mariquita”. Este déspota de la sabana (quien, para colmo, tiene la siempre y en todo momento equívoca voz de Jeremy Irons), figura en una lista en la que asimismo podríamos incluir a Jafar (Aladdin), el gobernante Ratcliffe y su sicario Wiggins (Pocahontas) o el inigualable Hades de Hércules.

Hay que aceptarlo, damas y caballeros: en ausencia de su progenitor biológico, el llorado Mufasa, Simba tuvo dos papás adoptivos que le cuidaron hasta que se transformó en un señor con melena. De hecho, cuando el estudio quiso mitigar el cancaneo mostrado por Timón en ciertas escenas, se encontró con la oposición de Elton John, compositor de las canciones de la BSO. Quien, por si acaso alguien no se había enterado todavía, es muy apasionado a la compañía masculina (de su marido).

Aun y a pesar de sus declaraciones al respecto (¿recuerdas aquello de “No deseo regresar a ver a un hombre desnudo en mi vida”?) y a su declarada sexualidad en la serie Érase una vez, rehusamos a hablar sobre la protagonista de este filme para no caer en estereotipos. Ahora bien: lo de su capitán en el ejército imperial de China es otro cantar. Porque, si recordamos que Li Shang empezaba a mirar a Mulan con buenos ojos cuando esta se hacía aún pasar por un varón, lo de Voy a hacer un hombre de ti cobra un significado plenamente diferente.

Ese peinado, esos bíceps, ese desdén cara los machos de la manada, esa voz en inglés de Rosie O’Donnell… Aunque Tarzán no fuera exactamente el filme más exitoso de la historia reciente de Disney, podemos decir que es el que más cerca ha estado de mostrarnos a una lesbiana fuera del guardarropa. Y a una lesbiana muy butch, para colmo. Ahora bien, ¿tienen armarios las gorilas? Buena pregunta.

Mientras proseguimos pidiéndole a Disney que Elsa encuentre una novia oficial (con calma, que tampoco deseamos llevarla a tirones hacia la vicariato), cabe recordar que el personaje más polémico de Frozen no fue necesariamente la princesa del Let It Go y los superpoderes ultracongelados, sino este tendero. Porque, aparte de un sonoro acento norteño y una enorme promoción en artículos de playa y ropa de verano, Oaken tiene una familia compuesta por 4 niños… y un rubiales macizo. Si bien la directora Jennifer Lee rehusó hacer comentarios al respecto, este detalle se ganó tanto aplausos (desde el activismo LGBT) como abucheos (desde la otra esquina del ring).

Nos despedimos con otro personaje en 3 dimensiones. Dimensiones grandes, además de esto, pues, a este guepardo policía, su amor por los donuts se le nota mucho. El caso es que Clawhauser tiene grandes dosis de aquello que los anglosajones llaman “camp” y los castellanohablantes, “pluma”, además de su devoción por Gazelle (o sea, el trasunto rumiante de Shakira), una de esas estrellas del pop cuyo fandom se compone en una buena parte por hombres gais. Aunque, claro, el comisario Bogo también la adora…