Álex González: “Al rodar ‘X-Men: Primera generación’ pensé: ‘¿Cómo me he colado aquí?”

Cuando era pequeño, Álex Gonzáles soñaba con ser batería. “He tenido dos baquetas en la mano desde que tengo uso de razón. Siempre he querido ser batería, mucho antes que actor, aunque ambas profesiones me parecían inalcanzables”, nos cuenta al otro lado de la línea. Ahora, sin embargo, cuesta imaginar al intérprete fuera de un set de rodaje. Curtido en la televisión, González ha compaginado desde el comienzo de su trayectoria profesional proyectos en la pequeña (Un paso adelante o Motivos personales) y la gran pantalla (Segundo asalto, Alacrán enamorado y Combustión).

Hace seis años, daba el salto a Hollywood con las sagas superheroicas por excelencia: X-Men: Primera generación. Sin embargo, ha sido su papel del agente del CNI Javier Morey en El Príncipe el que lo ha terminado de catapultar a la fama. Ahora, vuelve a la gran pantalla en la ópera prima de Hatem Khraiche, Órbita 9, un thriller romántico ambientado en un futuro cercano, y en el que comparte protagonismo con Clara Lago.

Lejos queda ese niño que soñaba con ser batería, o que veía la actuación como un oficio inalcanzable. Durante la entrevista, el actor se encuentra en Los Ángeles, aunque aclara,”no me he ido a vivir a ningún sitio, sigo en España, pero decidí probar a ver si podía trabajar en otro país”. Hablamos con él sobre Órbita 9, sus inicios y la pasión por su profesión. Porque si algo conserva intacto Álex González de aquel niño que sostenía las baquetas en la mano, es la felicidad por poder hacer lo que más le gusta.

¿Qué nos puedes contar de Álex, tu personaje en Órbita 9?

Álex es un científico robótico muy talentoso, que en su día tuvo mucho éxito porque inventó unos robots que prácticamente podían suplantar a los humanos. Sin embargo, por una negligencia suya, murieron muchas personas. Eso le condujo a una depresión y a no querer trabajar, hasta que le propusieron un nuevo proyecto. La vida en la Tierra no va a ser posible llegados a un punto porque los recursos naturales se están agotando, así que la empresa para la que trabaja ahora estudia la posibilidad de poder viajar a otro planeta.

Ese proyecto consiste en experimentar con un grupo de jóvenes, entre ellos Helena (Clara Lago).

Sí. Para poder viajar a este otro plantea, lo primero que tienen que averiguar es si el cuerpo humano podría aguantar el viaje, por lo que estudian a varios sujetos, sin que estos sepan que forman parte de un experimento científico. Cuando arranca la película, Álex está en una encrucijada emocional. Se enamora de Helena y, a partir de ese momento, empieza a darse cuenta de que realmente están experimentando con personas, y a planteares si está bien sacrificar esas vidas para salvar millones.

¿Qué es lo que más te atrajo de la película?

Me llamó la atención la historia de amor, el hecho de que los dos protagonistas se necesitasen tanto el uno al otro sin saberlo, y que el personaje de Clara estuviera tan sola ahí dentro como lo estaba Álex ahí fuera. También me apetecía hacer la película para trabajar con Clara Lago, que me parece una actriz maravillosa. Y me gustó que hubiera una pequeña advertencia de lo que estamos haciendo con el planeta. No quiero manipular la información y decir que he hecho Órbita 9 porque hay que concienciar a la sociedad, pero si de paso alguien entiende que tenemos que ser más cuidadosos con cómo utilizamos la energía y el agua, si reciclamos o no, fenomenal.

¿Cómo imaginas tú el futuro de la Tierra? ¿Lo ves tan negro como en la película?

El presente que vivimos lleva a pensar que realmente esto no va a tener un buen final. Hace un rato, el conductor del coche que había aparcado a mi lado ha tirado un papel al suelo. Me sigue costando creer que haya gente que tire cosas al suelo, que no se dé cuenta de que este planeta es nuestra casa y la tenemos que cuidar. Y desde el papel en el suelo, a todo lo que hacemos, a quiénes votamos… Aún así, tengo fe en el ser humano.

Álex es una especie de antihéroe. ¿Qué te atrae de este tipo de personajes? 

Lo que más me gusta de mi profesión es poder llegar al centro ideológico de cualquier ser humano, comprender cuáles son sus motivos y para qué hace lo que hace, sin juzgarlo. Por otra parte, me seducía la idea de hacer algo diferente. Siempre he hecho a personajes muy físicos, que generalmente son un poco el héroe que salva a la chica. Me apetecía aproximarme a otro tipo de papel más mental y dejar que sea ella, en este caso Helena, la heroína, la que salva a la pareja y al planeta.

¿Cómo preparaste a un personaje no tan físico, sino más emocional? 

Intenté darle relevancia a su lenguaje corporal. Depende de cómo seas, caminas de una forma u otra. Por ejemplo, la gente seductora camina más desde la cintura, o si estás deprimido caminas más encorvado. Una persona muy mental, suele caminar como si le pesara mucho la cabeza. Y yo intenté hacer un tipo un poco así. Hatem [Khraiche] se partía de risa conmigo por la forma en la que caminaba, pero luego lo ha cortado todo en el montaje [ríe]. Por otro lado, mi personaje no está muy familiarizado con el afecto físico. Es el típico que cuando le vas a dar un abrazo, se queda tieso y no sabe muy bien cómo responder. No tiene mucha inteligencia emocional y a mí eso me ha costado porque yo soy muy afectivo.

¿Eres de los que buscan referentes a la hora de crear un personaje?

Yo lo copio absolutamente todo [ríe]. Se que no queda nada bien decirlo, pero… Hay veces en las que copio cosas como gestos que ni siquiera son para un personaje. Veo algo que me gusta, y me lo quedo para cuando me pueda servir. Trabajando en esta película en Colombia, copiaba el acento colombiano sin ninguna razón en particular. Además es un acento que me costó descifrar porque sólo alargan una letra de vez en cuando. Y luego me sirvió en una serie, Citizen, que estaba preparando en EEUU. El director me preguntó si podía imitar un acento en español que no fuera el mío, así que empecé a hacer el colombiano de Medellín, y le encantó.

El personaje de Clara Lago lleva toda la vida preparándose para una misión de supervivencia en el espacio. ¿Tú te embarcarías en una travesía espacial?

Yo me embarcaría en cualquier tipo de travesía. En otro momento de mi vida sí que me hubiera animado a hacer algo así, siempre que no durara más de un año. Lo de estar solo lo llevo bastante bien. No es que me guste, pero tampoco sufro demasiado. Antes lo hubiera hecho, pero ahora mismo no.

Echando la vista atrás, ¿recuerdas tu primer casting?

Sí, fue para un anuncio de las Fuerzas Armadas. Tenía como 18 años y me salió fatal. De los 18 a los 20 hice muchos audiciones para publicidad, y solamente me dieron dos: uno de tráfico y otro de concienciación del uso del preservativo [ríe]. A un amigo mío le daban todos los papeles, era como el alumno aventajado, y yo pensaba: “Madre mía, que desastre de actor soy, nunca voy a trabajar”. Luego tuve mucha suerte porque en el primer casting que hice para televisión, me dieron el personaje, y en el primero que hice para una película, también.

Esa primera película fue Segundo asalto, en 2005. ¿Qué te viene a la mente cuando piensas en ella?

Recuerdo las mañanas yendo a la productora que estaba en Alfonso XIII y el cariño del director, Daniel Cebrián. Era el primer contacto que tenía con el mundo del cine, y fue un regalo poder hacerlo en esas condiciones. También me acuerdo de la primera vez que vi Segundo asalto, la primera vez en mi vida que me vi en pantalla grande, formando parte del mundo de la magia. Además, soy madrileño y recuerdo que pusieron la película en un cine en Gran Vía que ya no existe, se ha convertido en un Stradivarius o un Zara. Me iba cada día, cada día, a mirar el cartel. No me lo podía creer.

Debutaste en la televisión con Un paso adelante. ¿Qué le debes a la pequeña pantalla?

En España no hay un star system, ni nunca lo ha habido, pero lo más parecido a eso es lo que estamos viviendo ahora en televisión. A ojos de un productor, hay actores de tele que ya han conectado con cinco millones de personas a través de la pequeña pantalla, y eso te da cierta garantía de que un porcentaje de ese público vaya a ver la película. Cuando yo empecé, todavía existía esa línea que separaba a los actores de televisión de los de cine. Para un actor de cine, hacer televisión era una cosa un poco denostada. Ahora se ha convertido en lo contrario, y yo he vivido ese cambio. Yo a la televisión se lo debo casi todo.

Recientemente has protagonizado El príncipe, todo un éxito en España.

El Príncipe sí que ha sido un punto de inflexión en mi carrera, que ha condicionado y cambiado mis próximos años. He podido dar vida a un personaje maravilloso, con mil aristas, que me ha permitido aprender muchísimo e adentrarme como actor en terrenos que no conocía. Por otro lado, me ha colocado en un escaparate por el que pasa más gente, y eso hace que me sea más fácil acceder a ciertos proyectos. 

¿Y ahora con qué te quedas, con el cine o la tele?

Si me lo hubieras preguntado hace solamente un año, te hubiera dicho que con el cine. Pero ahora mismo es tan parecido… Aún así te diría que cine, más por una cuestión romántica que lógica. Hasta el año pasado te podría haber dicho que egoístamente el cine porque es un guión cerrado, de 90-100 páginas, tienes tiempo para ensayar, para hablar de los personajes y a lo mejor en un día haces 2-3 secuencias máximo. En televisión tienes que hacer 12 páginas al día, no hay tiempo de ensayar, y te cambian el guión de un día para otro. Hay que estar muy espabilado porque existe otro tipo de inmediatez. Y luego lo vas a ver en pantalla pequeña, perdiendo todo el romanticismo del cine. Pero por otra parte, a día de hoy, suele haber personajes más interesantes en televisión porque hay más diversidad, más posibilidades y la gente se arriesga.

Tu salto a la Meca del cine llegó con una franquicia. ¿Qué pensaste cuando te ofrecieron un papel en X-Men: Primera generación?

Lo recuerdo con mucha estupefacción. Hasta ese momento, ni siquiera había coqueteado con la idea de irme a trabajar a otro país. Estaba en Londres estudiando inglés cuando me llamaron para hacer el casting en España. Y dije: “Sí, hombre. No me van a dar el personaje ni loco. No me voy a ir allí y perder el curso de inglés”. Al final pude hacerlo en Londres, pero fui sin ninguna expectativa. Personalmente sí fue una experiencia muy chula: probar otra industria diferente a la española, trabajar con Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, James McAvoy, Kevin Bacon… Ahí sí que decía: “Cómo me he colado aquí?” [ríe]. Fueron 6 meses de rodaje, 4 de ellos en los estudios Pinewood de Londres. Estábamos siempre juntos y fue muy divertido. Fue una experiencia personal muy bonita, no tanto profesional porque no pude desarrollar mucho el personaje, que era muy pequeño y ni siquiera hablaba. Pero esa película es parte del motivo por el que hoy estoy en EE UU.

¿Qué es lo mejor de ser actor?

Me interesa mucho el ser humano. Como actor, me parece un auténtico lujo que me paguen por acercarme al centro ideológico de cada personaje y encontrar las razones que lo motivan a hacer algo, por muy disparatadas que sean. Luego hay cosas maravillosas y muchas más lúdicas como son poder viajar con tu profesión, conocer gente maravillosa, dedicarte a algo en lo que nunca te aburres…

¿Y lo peor?

Lo peor es la inestabilidad. Cada vez que termino un proyecto, pienso que no voy a volver a trabajar. Otro aspecto negativo es que es un oficio en el que es muy fácil mezclar lo personal con lo profesional. Ahora me concentro en poder aceptar que aunque sea el peor actor del planeta, eso no me incapacita para ser buen hijo, buen hermano, buen ciudadano y buena persona. Es una profesión en la que vives el resultado tanto a través de los ojos de los demás, que parece que si eres buen actor te van a querer más que si eres mal actor. Disociar lo personal de lo profesional es una de las cosas que más me cuestan y que menos me gustan de esta profesión. 

¿Tienes algún sueño que te gustaría cumplir?

La verdad es que no. Me sigue pareciendo un sueño poder vivir de esto y, como cada vez que termino un proyecto tengo miedo de no volver a trabajar, cuando empiezo algo nuevo sigue pareciéndome un sueño. El mero hecho de llegar a los 70-75 años habiendo vivido bien de mi profesión, y no hablo de sobrevivir, sino de vivir bien, y estando orgulloso al menos del 50% de mis personajes, ya me parece un gran sueño.

Órbita 9 se estrena el 7 de abril.