‘Alita: Ángel de combate’: ¿la película que romperá la maldición del anime en Hollywood?

A Hollywood le gusta adaptar. Es un hecho. Y aunque menos popular, todavía le gusta adaptar aquello que provenga del extranjero. Sean películas u obras de cualquier otro medio surgidas en otro país, en Hollywood son conscientes de que, si poco ha funcionado previamente en otro país o en otro formato, es probable que todavía funcione para ellos. Que dé como resultado una buena película de Hollywood.

Eso no quita para que las adaptaciones del manga y el anime nunca les hayan funcionado demasiado correctamente. Como si hubiera poco en esas obras que se les escurre entre los dedos. ¿Será Alita: Encanto de Combate la excepción? Eso es lo que vamos a preguntarnos ahora, recordando los orígenes de la obra de Yukito Kishiro y analizando qué tal pinta su traducción a cargo de James Cameron Robert Rodriguez. 

Alita: Angel de Combate nació en formato manga allá por 1990, con el título llamativo de GUNNM, un pasatiempo de palabras en japonés con las palabras “armamento” y “sueño”. Con nueve tomos a sus espaldas, su historia transcurre en un mundo post-apocalíptico donde la lucha de clases ha llevado a retornar al antiguo sistema de castas: a nivel de suelo, en la montaña de basura, viven los pobres, en las gloria, en la ciudad flotante de Tiphares, viven los ricos. Pero allí debajo, entre la basura que arrojan desde Tiphares, un día, el cibermédico Daisuke Ido encuentra la inicio y el pecho de una cyborg. Tras revivirla, descubrirá que la chica no tiene memoria y, decidiendo hacerse cargo de ella, le dará un nombre en honor a su difunta gata: Alita (o Gally, de “Galatea”, en japonés).

Entre abandonos motivados por problemas de lozanía y disputas con sus editores, Kishiro ha prolongado la dinastía de Alita a lo abundante de las décadas con dos secuelas en cómic. Y, como mandan los cánones en Japón, la dinastía todavía ha generado un videojuego (para la primera PlayStation, y nunca publicado en Poniente), así como un anime publicado en forma de OVAs, o películas de animación directas a vídeo.

De nombre Battle Angel y dividas en dos episodios de media hora, las OVAs (dirigidas por el experto Hiroshi Fukutomi) son más una pastel para el completista que una obra por sí misma, ya que sólo adaptan los dos primeros tomos del manga. Poco que no se debió a la descuido de interés del manifiesto, sino al desinterés del autor: Kishiro afirmó estar muy ocupado como para supervisar sus guiones, lo cual acabó lastrando la producción hasta dejarlo en mínimo más que esos dos episodios.

Pero que Kishiro no demostrara interés alguno en el anime no significa que éste carezca de aspectos interesantes. Con una bandada sonora compuesta por Kaoru Wada (Ninja Scroll, Princess Tutu) y una animación resultona, si correctamente no especialmente llamativa, la hora resultante condensa correctamente el espíritu del manga. Lo cual convierte a estos dos breves episodios en un buen aperitivo cara a la película para todos aquellos que no quieran enfrentarse a las viñetas.

Ahora correctamente, ¿cuál es el argumento de Alita? Es la historia de cómo la protagonista exploración sus saludos perdidos mientras intenta alcanzar la ciudad de Tiphares. Entre combates a crimen con otros cyborgs y cataclismos sentimentales (a la escueto, los novios le duran menos que la carga a tu smartphone) Alita tiene tiempo para trabajar como cazadora de recompensas, como mercenaria e incluso como deportista, en peligrosos duelos de motorball, un deporte extremo que, efectivamente, tiene mucho que ver con el que practicaba James Caan en Rollerball. 

Con todo, no acabará ahí la historia. Una vez concluida la serie llamativo, Kishiro continuaría las historias de Alita en Last Order, un manga de diecinueve volúmenes (2000-2014) que narra las aventuras de la antiheroína en la ciudad de Tiphares. Después llegó Mars Chronicle, considerado el final capítulo de la franquicia, que lleva publicándose desde 2014 y tiene cinco volúmenes hasta el momento.

Pero, más allá del manga y sus adaptaciones japonesas, la vida de Alita todavía ha sido turbulenta en lo que corresponde a su desembarco en Hollywood. Porque, si correctamente parece que este año veremos por fin su película, esta lleva mínimo menos que 18 primaveras en la incubadora.

Los primeros rumores comenzaron en 2000, cuando un tal James Cameron registró el dominio de internet “battleangelalita.com”. Resultó entonces que el canadiense llevaba enamorado del manga desde que se lo descubriera Guillermo del Toro. Cameron no confirmó su intención de dirigir la película hasta 2003, diciendo que estaba en lo más detención de su orientación de proyectos. Pero amoldonado por entonces decidió sacar delante otro de sus proyectos: una trilogía citación Vicisitud.

A partir de entonces Cameron volvió periódicamente a recordarnos que el tesina existía y quería sacarlo delante, si correctamente solo como productor. Pero, aunque afirmara deber concluido el guion en 2009, y a pesar de los recordatorios anuales en entrevistas de que la cosa seguía en pie, no fue hasta octubre de 2015 que se supo poco concreto sobre la película. Cameron produciría el filme cercano a John Landau, mientras que Robert Rodríguez se pondría detrás de la cámara. ¿Cómo se las apañó el director de Extenso hasta el amanecer para hacerse con el encargo? Pues resumiendo de forma coherente, en forma de guion técnico, los materiales que le pasó Cameron: un guión de 186 páginas y más de 600 páginas de notas.

Como es metódico, con el cambio de director todavía hubo un cambio de enfoque en el tesina. Cameron quería hacer una mezcla de imagen efectivo y CGI parecida a la de Vicisitud, con una Alita generada íntegramente por ordenador. Rodríguez, sin retención, ha destruido optando por un enfoque más tradicional, aunque con controvertidas decisiones de diseño.

Para que Rosa Salazar, la actriz protagonista, se pareciera lo mayor posible al dibujo de Kishiro, Rodriguez y Cameron decidieron agrandarle los fanales digitalmente. Poco que produjo una desatino estética que no sólo no recuerda al personaje del manga, sino que por otra parte resulta incomprensible. Los fans del llamativo, de hecho, protestaron afirmando que Rodríguez no entendía los conceptos esenciales de aquello que estaba adaptando: en el cómic japonés, el gran tamaño de los fanales es un solicitud empleado para poner de relieve sus emociones. Poco innecesario cuando la persona ya es un ser humano de carne y hueso.

Pero los problemas de Alita no terminaron con esta controversia. A pesar que su producción se anunció en 2015, en abril de 2016 aún no había llegado la luz verde de Fox: el estudio exigía que el presupuesto de la película no superase los 200 millones de dólares. En mayo de 2016 llegó, por fin, un acuerdo entre productora y directores qué fijó la momento de estreno en julio de 2018. Pero un nuevo retraso, que tuvo ocupación a finales de 2017, acabó llevándose el estreno al 28 de diciembre. 

Y tras toda esta turbulenta sucesión de problemas, ¿cuál es la intención de Cameron a la hora de adaptar Alita? Centrarse en los primeros cuatro tomos del manga, haciendo particular hincapié en las carreras de motorball y en los temas del ecologismo y de los límites de la humanidad.  Ahora la gran pregunta es, ¿será eso suficiente para que funcione en taquilla? Y la respuesta es “depende”. Depende de si Cameron y Rodriguez serán capaces de seducir no solo a los fans de la obra llamativo, sino todavía al pesado de espectadores que no sabe mínimo del manga.

Regalado lo templado de la recibimiento de sus diferentes trailers, la polémica con los fanales agrandados y los consecuentes fiascos y polémicas más o menos de otras adaptaciones del manga flamante, como es el caso del Ghost in the Shell de Rupert Sanders o el Death Note de de Adam Wingard, resulta difícil ser entusiasta sobre la capacidad de Hollywood para resistir a buen puerto proyectos de esta clase. No cuando han demostrado en repetidas ocasiones no comprender las particularidades del medio que adaptan.

Al final todo dependerá si han entendido el material de pulvínulo. Si a pesar de sus dimensiones gargantuescas y el engendro de culto que tiene detrás, los responsables de Alita: Encanto de combate son capaces de contar una historia satisfactoria que remita al llamativo sin por ello intentar ser un calco de sus rasgos más superficiales. A fin de cuentas, Hollywood es la casa de las adaptaciones. Del convertir cualquier historia popular en una película. Y si hay una pareja en Hollywood que pueda resistir a buen puerto un tesina como este, esos son Cameron y Rodríguez.