Animayo 2017 apuesta por las mujeres

Carolina Jiménez soñaba con dedicarse a la ciencia cuando era apenas una niña, y ahora es una artista de VFX (efectos visuales) que ha trabajado a las órdenes de Ridley Scott o Peter Jackson. Riannon Delanoy estudió Bellas Artes en el Instituto de Tecnología de Rochester, y trabaja actualmente como animadora de personajes en Disney Animation.

Ellas y sus historias, junto a las de otras veintiséis profesionales de la animación y los efectos visuales, son las protagonistas indiscutibles de la XII edición del festival internacional Animayo, que esta semana ha convertido Las Palmas de Gran Canaria en capital mundial de la animación, los efectos visuales y los videojuegos.

Durante cinco días, la ciudad ha acogido la proyección de películas de animación pertenecientes a la sección oficial, 14 Master Classes (cómo hacer un plan de producción cinematográfica o la profesión de VFX, entre otras), talleres, espacios formativos, y un foro europeo de coproducción, financiación e incentivos fiscales dirigido a profesionales.

Sin embargo, como ya hemos adelantado, esta nueva edición del festival ha destacado por homenajear la labor de la mujer en la industria del cine. Hemos podido hablar con Carolina Jiménez y Riannon Delanoy sobre su trayectoria, el temor al fracaso, la importancia de la perseverancia y la falta de (re)conocimiento de sus profesiones.

Carolina Jiménez y esa cosa llamada VFX

“El cine me parecía una afición, no una profesión”, nos cuenta Carolina Jiménez durante su estancia en Las Palmas de Gran Canaria. Aficionada al séptimo arte desde pequeña, creció viendo Star Wars, Alien o Los Goonies, y, años más tarde, los programas que utilizaba en la carrera de arquitectura le descubrieron su pasión por el 3D y la animación. Sin embargo, poder dedicarse a ello seguía pareciendo a esta madrileña una utopía, un sueño inalcanzable.

No fue hasta que salieron los DVDs con la versión extendida de El señor de los anillos: La comunidad del anillo (“me había enamorado de la película, la vi como tres o cuatro veces en cine”), en los que se explicaba el making of del filme al detalle, que Jiménez “alucinó” con el oficio de artista de efectos especiales digitales: “Vi que era posible hacer cine desde detrás de un ordenador y con herramientas parecidas a las que había usado en arquitectura”.

Especializada en el departamento de Layout (que se hace cargo del encuadre final de la escena), Carolina puede ahora presumir de haber trabajado a las órdenes de Ridley Scott, George Miller, Peter Jackson o Tim Burton, y en grandes compañías como Scanline, Double Negative, Weta Digital o MPC. Sin embargo, el camino no ha sido fácil. Tras estudiar 3D y animación en una escuela en la que sólo había dos mujeres como alumnas, “trabajé para arquitectos, dentista o anuncios de yogur, y participé en ponencias médicas”, recuerda.

De Águila Roja a George Miller

“El truco aquí no es el talento, es la perseverancia”, insiste Jiménez al referirse a su profesión. Ella se aplicó la frase desde el principio. Cada vez que actualizaba su CV, “se lo mandaba a todo el mundo”. Dreamworks, Pixar o, por supuesto, Weta Digital (El señor de los anillos) fueron algunas de las muchas productoras que recibían el currículum de la joven habitualmente.

Su primera oportunidad le llegó de la mano de la serie Águila Roja, donde se encargó de los modelados de todos los sets, para después dar el salto al cine con Planet 51. Tras más envíos masivos de CVs y el batacazo que supuso no poder trabajar en un proyecto de Dreamworks por la imposibilidad de conseguir el visado de trabajo en EE UU, dio el salto al panorama cinematográfico internacional de la mano de George Miller, al que considera “uno de mis héroes”.

Lo hizo con Happy Feet 2, en la que se dedicaba, junto al resto del equipo de su departamento, a realizar las huellas de los pingüinos en la nieve: “Pasé miedo al principio. Había dejado un trabajo fijo en Madrid, con un buen sueldo, para mudarme a Australia a trabajar con un estudio que iba a cerrar. Pero mereció la pena”.

El Hobbit, un sueño hecho realidad

Después de su periplo por Australia, aterrizó en Londres para trabajar con MPC en Guerra Mundial Z y Prometheus, hasta que Weta por fin llamó a su puerta: “Me contrataron por no denunciarme por acoso”, bromea. Y no la contrataron para cualquier película, sino para la trilogía de El Hobbit. “Trabajar en Weta, en la saga de Tolkien, con el director que me había inspirado a estudiar lo que quería, era como un sueño que se había hecho realidad”, asegura.

Sin embargo, esa película de sus sueños fue también la cinta más complicada en la que ha participado hasta el momento: “Me desbordó en aquel momento. No había hecho proyectos de tal envergadura y, aunque lo recuerdo con mucho cariño, también hubo mucho estrés. No he metido tantas horas extra en mi vida”, afirma. Afortunadamente, entre filme y filme de la trilogía, pudo abandonar la Tierra Media para participar en El amanecer del planeta de los simios y El hombre de acero.

Afincada actualmente en Vancouver (o Hollywood North, como la llaman), la madrileña ha realizado en los últimos años superproducciones como Star Trek: Más allá, o Power Rangers, proyecto que compaginó durante un mes con Guardianes de la galaxia Vol. 2 y Liga de la Justicia: “Lo más divertido es trabajar en las películas ‘malas’, sin tantas expectativas. Power Rangers es una peli más relajada, con un presupuesto menor, y fue muy divertido hacerla”.

Una superheroína sin capa

Estos últimos años han estado cargados de superpoderes para Jiménez, debido a la proliferación de películas tanto de Marvel como de DC, en las cuales los efectos visuales son imprescindibles: “Hay un gran porcentaje de escenas en la que es todo 3D, sin ningún personaje real, por lo que la carga de VFX es muy fuerte”. Sin embargo, no vayamos a pensarnos que la artista ya ha podido disfrutar de Liga de la Justicia. Ni siquiera ha visto aún Guardianes de la galaxia Vol. 2: “Nosotros empezamos a trabajar cuando el rodaje ya ha terminado y solemos ver únicamente las escenas que tenemos que tratar”.

A pesar de no haber podido disfrutar del filme de James Gunn, sí que sabe que su nombre no se encuentra en los títulos de crédito: “No me busquéis porque no estoy. A veces, las productoras deciden acortar los créditos por una cuestión de tiempo. Prefieren hacer un pase más del filme ahorrándose cinco minutos, aunque suponga no incluir a todos los profesionales en los créditos”.

¿Es esta una prueba del menosprecio que padece su oficio? “La gente no es consciente de lo que se ve en pantalla, ni de lo que cuesta hacerlo. No es que no se valore esta profesión porque la gente no le dé valor, sino porque la gente no la conoce. Muchas veces me preguntan por qué no se ha estrenado la película que terminó de rodarse hace un año, y es porque aún queda más de la mitad de la película por hacer”, asegura.

El reconocimiento, de momento, le llega a través de todos esos grandes proyectos que siguen llamando a su puerta. Próximamente trabajará en Tomb Raider y Black Panther: “Yo soy más de Marvel que de DC, pero de momento había hecho dos pelis de DC y una de la Casa de las Ideas, así que me alegra equilibrar la balanza”. Ante todo, esta madrileña trotamundos es fan del cine, pasión que, como en todos nosotros, despierta su lado más friki. Ese que la empuja a tener un Baby Groot en su oficina, gracias al que ama su profesión, y por el que está deseando ver Guardianes de la galaxia Vol. 2, a pesar de que su nombre no se encuentre en los créditos.

Riannon Delanoy y la magia de Disney

Riannon Delanoy creció viendo películas de Disney, como todos nosotros. Poco imaginaba por aquel entonces que terminaría trabajando para el estudio de animación por antonomasia. Sin embargo, Delanoy no era niña de princesas convencionales como La Sirenita; ella prefería las escenas de acción, esas en las que el Jorobado de Notre Dame corría por la catedral cargando con Esmeralda, o un príncipe se convertía en monstruo en La Bella y la Bestia. Todo ello influiría decisivamente en su futuro profesional, aunque aún ni se lo imaginaba.

Graduada en Bellas Artes, estudió animación aplicada al cine y trabajó en un estudio antes de entrar en la casa de Mickey Mouse con sólo 24 años. Disney Animation aceptó su solicitud para formar parte de su programa de desarrollo de talentos en 2012, tras varios intentos fallidos en años anteriores. “Cuando me dijeron que estaba dentro, me lo tuve que plantear seriamente. Se trataba de dejar mi trabajo y mudarme a la otra punta del país. Así que llamé a mi madre y ella me dijo: ‘Hagas lo que hagas, no te arrepientas”, nos explica Delanoy, que acaba de aterrizar en Canarias, y se ha tomado tres cafés tras “no haber dormido en tres días”. 

La joven Riannon entró en Disney por la puerta grande. Empezó trabajando como aprendiz en la oscarizada película de 2013 Frozen, con un equipo que se hacía llamar los “Village People”: “Toda mi aportación a esta película fue una toma en la que el príncipe Hans se apea del caballo para encontrarse con Anna. Yo me encargué del momento exacto en el que él baja el pie de la montura”. Puede parecer nimio e insignificante, pero no lo es, menos aún teniendo en cuenta que una “simple” escena de animación se hace entre 15 y 30 animadores.

Frozen, Big Hero 6 y… ¡acción!

Nada más entrar a formar parte de la familia Disney, Delanoy se especializó en las secuencias de acción: “He visto mucho anime y el estudio Ghibli ha influido en mi trabajo, sobre todo en los últimos dos años”. Por lo que, tras Frozen, volvieron a confiar en ella para las también oscarizadas Big Hero 6, Zootrópolis y Vaiana, así como para los cortometrajes Frozen Fever e Inner Working.

“Me dieron ‘permiso’ para entrar en el departamento de animación propiamente dicho tras una pieza de marketing que realicé para Big Hero 6. Una de las pautas que me dieron fue ‘Haz que sea increíble’, y ahora es mi mantra a la hora de encarar cualquier proyecto”. Dicho y hecho. Su pieza de marketing fue todo un éxito, tanto que se encargó a un equipo más amplio su desarrollo.

Sin embargo, no todo han sido triunfos en la carrera de Delanoy, y llegó un punto en el que su autoexigencia le jugó una mala pasada: “Me bloqueé en cierta toma de acción de Big Hero 6, era insoportable trabajar conmigo, así que me llamó mi supervisor. Yo pensaba que me despediría, pero lo que me dijo fue que era una buena animadora y que me relajara”. Así aprendió que “mi miedo a fallar me impedía crecer profesionalmente; tenía que aprender a aceptar que fracasar no suponía el fin del mundo”. 

Robots heroicos y princesas aventureras

Esa toma de acción “maldita” que realizó para Big Hero 6 ha sido “una de las más difíciles que he realizado”, confiesa, pero la sigue considerando su gran triunfo. Sin embargo, su escena favorita de todas las que ha llevado a cabo ha sido aquella en la que Kristoff canta a Anna, tarta en mano, en Frozen Fever.

Zootrópolis supuso una reafirmación más personal que profesional: “Muchos de los principios de la animación empezaron a ser instintivos para mí a partir del filme. Me encantó trabajar en ese proyecto, poder jugar con las escenas de acción de todos esos animales”. Ya estaba preparada para embarcarse en la última gran producción que preparaba el estudio, o eso pensaba ella, y así se lo hizo saber a los responsables de Vaiana.

Delanoy consiguió hacerse cargo del personaje de Teka, la bruja de lava: “Me fascinó trabajar en este proyecto porque era un personaje genial. Además, justo cuando me puse a trabajar en ella, me distancié de una amiga. Plasmar todos esos sentimientos en Teka fue catártico”. 

Lecciones de guerra

“Con Vaiana aprendí lo que es un personaje realmente vulnerable. Los buenos actores deben reconocer sus sentimientos para poder expresarlos en pantalla, y los animadores también. Las emociones son el vehículo a la verdad”, asegura la animadora.

Otra de las lecciones aprendidas por Delanoy durante estos años en el estudio de animación, y que se ha grabado a fuego, ha sido que la búsqueda de la perfección puede ser perjudicial: “Disney me ha enseñado que una escena puede llegar a pulirse demasiado. Muchas veces me han dicho que dejara de pulir esa toma porque querían que me ocupara de otras”, reconoce.

También ha aprendido a combatir a uno de sus fantasmas más tenaces: el del miedo al fracaso. Cuando este amenaza con salir a la superficie, Delanoy se escapa a su lugar favorito en la factoría, el sótano. Allí hay una puerta, sobre la que se lee: ‘¿Qué serías capaz de hacer si supieras que no puedes fracasar?’. “Soy insegura, así que cuando emprendo algo innovador, loco, y me da miedo fracasar, bajo al sótano. Es allí donde recuerdo que hacer algo nuevo es un acto temporal de locura y, a veces, un poco de locura viene bien al artista”.