Así se hicieron las cicatrices de Amy Adams en ‘Heridas abiertas’

[ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE HERIDAS ABIERTAS]

Solo queda un episodio para el final de Heridas abiertas, el aberración seriéfilo del verano de HBO protagonizado por Amy Adams. Un thriller basado en la novelística de Gillian Flynn (Perdida), en la que la protagonista, Camille, regresa a su ciudad originario para cubrir los asesinatos de dos adolescentes. Allí se enfrentará a su dominante mama y a otras heridas del pasado; heridas que, por otra parte, son más que visibles en las cicatrices que recorren el cuerpo de Camille tras abriles autolesionándose, como si de un diccionario de sus traumas se tratase.

En el botellín episodio de la serie, Closer, la protagonista mostraba por primera vez su cuerpo ahíto de marcas (aquí puedes ver todos los mensajes secretos que esconde Heridas abiertas) en el probador de una tienda de ropa donde la había llevado su mama para que se comprara un vestido. Vulture ha hablado con el superior del área de maquillaje de enseres especiales, Adrien Morot, sobre tu trabajo a la hora de crear todas estas marcas.

Morot (X-Men) sabía que uno de los retos de la serie era plasmar unas heridas reales: “Si fueras a hacer a un mutante cubierto de cerúleo, no importa si no es exacto porque nadie sabe cómo es positivamente un mutante. Pero estas marcas tienen que ser exactas desde un punto de horizonte médico”. Para ello, leyó publicaciones médicas y psicológicas sobre el proceso de la cicatrización y la mentalidad detrás de cierto que se corta a sí mismo. Posteriormente se aseguró de que cada corte pareciera hecho por un objeto específico, ya fuera un cuchillo, una saeta o una cortaplumas. Por otro costado, se aseguró de que algunas cicatrices pareciesen antiguas, mientras otras fueran relativamente nuevas.

A la hora de crear las palabras que cubren el cuerpo de Camille, el equipo de maquillaje intentó que estas estuvieran escritas como si se tratara de la composición de Adams. “Para las marcas en su espalda, imaginamos que estarían deformadas. Así que intentamos plasmar poco de deformación en su composición, ya que estaría mirándose en el espejo cuando se las hacía”, ha contado Morot.

Dada la importancia de las palabras tanto en la novelística como en el argumento de la serie, el equipo sabía que tenían que ser legibles en pantalla. Al principio, Morot recopiló una relación de 50-60 palabras que se mencionaban en el ejemplar o en el guion, y luego creó un atlas de cómo aparecerían estas palabras en el cuerpo de Camille, para aprender cuántas más necesitaría. Al final, diseñó entre 350-400 cicatrices.

Más tarde, con la relación de palabras completa, contrató a una persona a la que le dio un rotulador con un aceite soluble y le pidió que se escribiera todas ellas, para ver cómo se verían si Camille se las hubiera escrito. “Si está escrito en tu espalda, tendrías que hacerte ese corte mirándote en el espejo y en una posición rara. Y hay una gran ángulo muerto en parte de su espalda porque ella no podía salir”, cuenta.

En circunscripción de silicona, lo que normalmente se usa para este tipo de marcas en las películas, Morot prefirió suponer por unos adhesivos que se usan en las prótesis médicas: “No creo que nunca hayan sido usadas a una escalera tan noble”. Según cuenta Morot, Adams se pasaba en la arnés de maquillaje “como minúsculo 20 o 15 minutos si era solo una palabra. Todo el cuerpo tardaba probablemente un par de horas”. Mientras, otro equipo ponía las mismas palabras sobre la doble de Adams, que luego se usarían para rodar tomas de las cicatrices.

Así era una excursión sindical del equipo de maquillaje: “Al final, hacíamos todo el cuerpo en dos horas y media, y luego estábamos en el set 12 horas. Luego teníamos como dos horas al final del día para quitar todo ese maquillaje. Felizmente, Amy era un encanto”.

La serie se rodó en Georgia, por lo que las cicatrices fueron diseñadas para mantenerse pegadas lo mejor posible. Sin secuestro, tomaron precauciones. En la ámbito en la que Camille se toma un baño, “tuvimos que satisfacer la estancia de vapor para fingir que hacía calor, pero en verdad usamos agua fría para ayudar al maquillaje. La escueto Amy tuvo que estar metida en agua fría todo el día para ayudarnos”, recuerda. Y eso que, en genérico, los adhesivos era difíciles de quitar. Posteriormente del rodaje, quitaban las cicatrices a Adams con toallas calientes, desmaquillante y detergente, con cuidado de no irritar la piel de la actriz, que al día futuro tendría que retornar a acontecer por el mismo proceso.

Pero aquí no acababan las dificultades. Tras tanto esfuerzo creando y perfeccionado las cicatrices, llegó el rodaje y se dieron cuenta de que, con la luz con la que trabajaba Jean-Marc Vallée, escasamente se notaban las marcas: “Habíamos estado tres horas en maquillaje cubriéndola de de hacia lo alto debajo, y no parecía admitir carencia”. Entonces, Morot y la doble de Adams tuvieron que probar cómo se veían las cicatrices en las diferentes variaciones de luz de los sets, para así aplicarlo a la hora de poner las cicatrices. “Si era de perplejidad, tenía que ser de una guisa. Si era de día, de otra. Ya no solo era muchísimo trabajo crear las cicatrices, sino que esas cicatrices debían tener cuatro o cinco variaciones diferentes, dependiendo de la luz”. 

El zaguero episodio de Heridas abiertas se estrena el lunes en HBO España. 

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