‘Blade’, la REVOLUCIÓN SUPERHERÓICA: ¿Cómo ha cambiado el cine de superhéroes?

Hace 20 primaveras que se estrenó Blade. Con ella dio aparición una nueva era cinematográfica donde las películas de superhéroes se convertirían en el mercaderías por excelencia, el que alimentaría las taquillas y que devolvería al divulgado (en masa) a las salas tras una extraordinario crisis de consumo.

Hoy vivimos rodeados de títulos superhéroicos, cada año unos cuantos superhéroes estrenan su lectura cinematográfica o televisiva. Y de momento el divulgado no se cansa. Hay títulos que rompen récords de taquilla y otros que pasan más desapercibidos pero el mercaderías aún tiene material para rato, por mucho que desde hace tiempo algunos auguren su asesinato…

Y todo comenzó con Blade

ANTES DE BLADE, SÓLO HUBO UN PATO

Las películas de superhéroes antaño de Blade estaban monopolizadas por DC con la clan de Superman y el Batman de Tim Burton.

Hasta 1998, la única película de Marvel que tuvo un tirada en cines más o menos digno fue Howard: Un nuevo héroe. Howard es un personaje creado por el escritor Steve Gerber y Val Mayerik. La serie de cómics en las que aparece cuentan sus desventuras al estar atrapado en una tierra dominada por humanos. Es un pato antropomórfico cuya rama es el Quack-Fu. En su acomodo al cine Howard debe enfrentarse a un monstruo foráneo unido a Lea Thompson. Es, se supone, una película para niños, sin confiscación está llena de desnudos femeninos, violencia, palabrotas…

A pesar de tener un gran presupuesto, la cinta fue un fracaso a nivel comercial aunque, claro… Un pato malhumorado en un mundo repleto de multitud chunga con los 80 en su punto culminante no podía suceder desapercibido para las generaciones venideras y hoy es una película de culto.

Marvel no tenía ningún poder comercial en el cine, mientras que DC lo petaba todo el rato. Hasta con El Cuervo, que era una historia de no mucho éxito en papel pero que en cine se convirtió en hito. En los 90 Marvel estaba en el báratro corporativo, quebrando a ratos y pasando de unas manos a otras. Se vendieron derechos de personajes a multitud que no sabía qué hacer con ellos. Incluso James Cameron intentó hacer una película de Spider-Man… Pero nulo. La Factoría de crear superhéroes estaba gafada. Hasta Blade.

NADIE ESPERA A BLADE

 

Blade nunca fue un personaje importante para Marvel. Marv Wolfman y Gene Colan lo crearon a principios de los 70 para convertirle en un miembro de un equipo de cazadores de vampiros para la serie The Tomb of Dracula. Blade no tendría su propia serie hasta 20 primaveras posteriormente, no tenía ningún inspección y obviamente, nadie esperaba una película suya.

Pero Marvel, que había estado a punto de desaparecer renació en 1997 como Marvel Enterprises y se centró en Daredevil, Black Panther, Punisher y The Inhumans. Personajes que no importaban mucho excepto para los editores Joe Quesadilla y Jimmy Palmiotti. El nuevo enfoque era el venidero: coger personajes con profundidad, llevarles al siglo XXII y darle simplicidad a sus historias. O sea, Blade.

La película llevaba en avance unos primaveras con New Line dejando el trabajo duro al argumentista David S. Goyer, quien más tarde se convertiría en el pequeño de los guiones superhéroicos de Hollywood y construiría los pilares del futuro universo de DC. Goyer cogió a un personaje desconocido de Marvel y le puso la voz de Wesley Snipes.

El director fue Stephen Norrington, el único hombre capaz de dirigir una de las mejores adaptaciones cinematográficas de un comic, véase Blade, y la peor, La mezcla de los hombres extraordinarios.

TODO COMIENZA EN UN CLUB NOCTURNO

Un club noctámbulo que está emplazado en una industria de carne. Luces estroboscópicas. Musica house. Cuerpos que saltan y chocan unos contra otras. Suena Confusion de New Order. Se encienden los aspersores del techo y comienza a caer un transparente umbrío y denso sobre las caras y las bocas abiertas de una multitud sedienta. Es parentesco. Los dientes se transforman en colmillos. Se oyen aullidos mientras los cuerpos se frotan unos con otros. Salvaje. Y entonces una figura sale de la oscuridad. Las luces se encienden, el DJ se detiene y cuando la horizonte se adapta de nuevo a la claridad cualquiera dice: Is the Daywalker.

Wesley Snipes está vestido de aciago con un refugio dadivoso de cuero y lentes de sol. No va a restar nadie vivo en esa sala.

La película nos garrocha directamente a la movimiento. Todos los que estaban danzando se encogen al verle. Es todo lo que necesitábamos entender sobre él. No hay origen del héroe. De forma magistralmente escrita la película va revelando cámara a cámara la historia de héroe. En cierta forma Blade es un superhéroe ridículo, le gusta matar a vampiros sin tener una razón que no sea la venganza, lleva tatuajes tribales y usa pantalones de cuero. Sin confiscación, en la película todo se comercio con mucha seriedad y por eso cuaja.

La esencia, claro, la tuvo Snipes. El actor decidió no cuchichear o cuchichear lo menos posible basándose en Harry el desaseado con el que incluso comparte la sonrisa irónica antaño de ponerse a matar vampiros. “Anda, alégrame el día”. Snipes incluso tiene su Alfred particular interpretado por Kris Kristofferson. Y un tosco cuyos objetivos tienen sentido y el espectador es capaz de entenderle, a pesar del peinado puntiagudo de Stephen Dorff. Su personaje es Deacon Frost y es un tipo arrogante que no nació negrero y que vive sofocado en una sociedad donde mandan los ancianos… ¿Cómo no vamos a sentirnos identificados?

DESPUÉS DE BLADE, UN UNIVERSO ENTERO

La película fue un éxito y su influencia marcó para siempre el cine superhéroico dando área a la clan de X-Men y el Spider-Man de Sam Raimi.

Sólo una puntualización antaño de seguir:

Puede parecer que personajes como la Alice interpretada por Milla Jovovich en Resident Evil o la Selene de Kate Beckinsale de Underword deben su éxito al Neo de Matrix… PERO NO. El éxito de estas películas hay que atribuírselo a Blade. Al igual que el tiempo bala, un tipo de cámara lenta que parece que inventaron The Wachowskis pero que resulta que no, que ya estaba en Blade.

Dicho esto, la gran participación al mercaderías, la gran revolución y lo que hizo que Blade inaugurara (o ayudara a ello) la segunda vida del cine de superhéroes fue tomarse el mundo de los cómics muy en serio. Tan sencillo como eso.

Con Blade agarraron conceptos fantásticos para transformarlos en realidades accesibles. Los comics se convirtieron así en un punto de partida creativo enormemente fértil. Una plazo más tarde de su estreno una película de superhéroes ganó un Oscar, El altruista umbrío. Y otros diez primaveras posteriormente Vengadores: Infinity War, una cinta de Marvel, se convirtió en la cuarta película más taquillera de la historia. Pero antaño de todo esto, tuvo que existir Blade.

¿CÓMO ES AHORA EL CINE DE SUPERHÉROES?

La sombra de Blade se mantuvo en los primeros títulos de superhéroes. Bryan Singer y sus X-Men se tomaron muy en serio a sí mismos. Incluso centraron las películas en temas de discriminación y racismo, igual que Blade. La trama de Magneto es exactamente la misma que la de Deacon Frost en Blade. Los humanos son peores que nosotros así que mejorémoslo haciéndolos mutantes (o vampiros). Todavía el atuendo de Blade sirvió para evitar el problema de traducir al cine los extravagantes disfraces de los X-Men.

Diez primaveras posteriormente, en el primer Iron Man incluso había mucho de Blade. Desde la simpleza del argumento, que iba directo al bulto en su objetivo de mostrar un tosco cuyos únicos intereses sólo eran lucrativos, hasta la renovación de un superhéroe de Marvel al que no se le tenía exclusivo cariño. Hasta Blade la esencia en una acomodo de cócmis era ser lo más fiel posible al guión, sin confiscación, cuando Goyer hizo cabal lo contrario construyendo un personaje nuevo, con un carácter y unos objetivos que tenían mucho más que ver con nuestro universo que con el suyo apuntaló una nueva forma de entender el cine de superhéroes. Con el Tony Stark de Robert Downey Jr. ocurre exactamente lo mismo, es una renovación, un lavado de cara… La creación de un canalla simpático que se ha convertido en icono y líder de toda una concepción de superhéroes.

Diez primaveras posteriormente de este primer Iron-Man el cine superhéroico ya ha aceptado de nuevo el color. El cuero aciago quedó anticuado y ahora los colores son más importantes que nunca, que sería de Thor Ragnarok, o cualquiera de Los Guardianes de la Galaxia, sin esos tonos fosforitos.

Por supuesto, el argumento ya no es tan simple como lo era el de Blade. Los guiones de las películas de los superhéroes modernos se entrecruzan entre ellos generando una inmensa cantidad de tramas que son las que alimentan el universo cinematográfico más enorme de la historia del cine. Un argumento que en su totalidad es embrollado e inexpugnable solo para que lo escribe (o ni eso). Internet está repleto de guias para que uno no pueda perderse ningún detalle. GUIAS.

El cine de superhéroes de actual cuenta grandes historias. Más grandes que el propio planeta tierra. Siempre está la humanidad en peligro, siempre hay ciudades enteras destruidas. E incluso planetas. La magnitud de todo esto ha ido muy allá, más allá de nuestra propia galaxia. Hay personajes que son planetas enteros. Pasado así, los problemas de Blade parecen una tontería.

Y por supuesto, los pertenencias digitales. Aunque Blade no ha envejecido mal del todo, Infinity War es otra mezcla (o incluso otro deporte como diría Jules Winnfield).

Ahora el cine de superhéroes es, en todos los sentidos, una empresa mastodóntica tanto a nivel creativo como generando pasta. El mercaderías de superhéroes podría definirse como el motor de Hollywood… Y todo comenzó con mucho house, mucha parentesco y un tipo aciago enfundado en cuero y con lentes de sol lamiéndose el colmillo.