Blade Runner 2049 Diseccionamos el tráiler

Venga, vamos a por el topicazo. Pues, esta vez es verdad que hemos visto cosas que vosotros no creeríais… y las hemos visto todas en un sitio: el tráiler largo de Blade Runner 2049. La secuela del tradicional de Ridley Scott, con Harrison Ford de nuevo como cazador de clones (¿retirado?) y Ryan Gosling siguiéndole en el oficio, lanzó ayer un tráiler tan críptico y lleno de posibles lecturas como era de esperar, estando Denis Villeneuve tras la cámara. Con una obsesión digna de Philip K. Dick, y con un ojo más fino que la máquina Esper, nosotros hemos pasado gaceta a sus imágenes. Y, menos escamas de víbora artificial, en ellas hemos encontrado de todo.

Si a lo que aspira este tráiler es a generar una sensación de familiaridad en el público, lo ha logrado. ¿Por qué? Porque el primer edificio que vemos en él es la Pirámide Tyrell, esa mole donde Joe Turkel hacía sus experimentos en el filme de Ridley Scott. Claro que ha habido un relevo generacional, y quien habita en tal siniestro inmueble es…

¡Jared Leto, nada menos! Y el cambio también es estético. Al paso que su predecesor (que, recordemos, acababa con los ojos escalfados por Rutger Hauer) iba de chaqué y con lentes de culo de vaso, este nuevo magnate de la clonación (llamado Mackenzie) aparece en kimono nipón y parece ser ciego. En el caso de Turkel, las lentes se debían a que el actor es muy corto de vista en la vida real. Pero la condición invidente de este nuevo personaje revela, sospechamos, que el simbolismo de los ojos y la visión proseguirá siendo muy importante en esta película.

A buen seguro, muchos departamentos de marketing estaban en alarma máxima desde que se anunció el rodaje de Blade Runner 2049. “Si Villeneuve nos ofrece un product placement, ¡decidle que no!”, debieron exclamar sus responsables, ahuyentados por aquella ‘maldición’ que fue liquidando a las compañías cuyos logos se vieron en la primera película. Acá, sin embargo, la cosa va por otros derroteros: la primera publi que se ve en el avance es de Atari, la compañía de videojuegos que fue pionera en el sector… y que ha ido de bancarrota en ruina desde mediados de los noventa.

Por otra parte, las imágenes de estas calles futuristas nos ofrecen un panorama no tan diferente al de la Blade Runner original, solo que ahora las imágenes holográficas de bailarinas con tutú han sustituido a las pantallas gigantes con geishas sonrientes. Y las referencias a la Unión Soviética en ciertos carteles aumentan el mosqueo: ¿estamos en un planeta paralelo donde la Guerra Fría jamás acabó?

Dado que Blade Runner nunca nos aclaraba completamente si los replicantes eran clones o androides (bueno, en realidad, eran lo primero) siempre y en toda circunstancia habíamos tenido curiosidad por saber cómo nacían estos prodigios de la genética. Y, ahora, lo sabemos: salen a presión de tubos de plástico.

Como todo autor de monstruos, el personaje de Jared Leto semeja tener una actitud ambivalente cara su obra. Por un lado, le vemos acariciando al último producto de su laboratorio. Y, por otro, eso de “todas las civilizaciones se han levantado a hombros de la mano de obra barata” no augura nada bueno.

Una vez más, la arquitectura nos devuelve a territorios familiares. Por el hecho de que ese edificio es la comisaría donde el capitán Bryant ponía a Harrison Ford sobre la pista de Roy Batty y su banda, 35 años ha. ¿Habrán vuelto a utilizar una maqueta rota del Halcón Milenario para ponerle la azotea?

Claro que, en vez de un M. Emmet Walsh bigotudo y sudoroso, ahora la que le da las órdenes al agente K es Robin Wright. “Hay un orden en las cosas, y eso es lo que hacemos aquí: mantener el orden”, señala la oficial de policía. Qué alivio: nosotros creíamos que el curro de los blade runners es matar replicantes a sangre fría…

“El mundo se levanta sobre un muro que aparta a las especies. Dile a una de esas especies que no hay muro, y tendrás una guerra”, profundiza Wright. Y, justo mientras oímos esto, Gosling y Ana de Armas parecen a puntito de dar una clase práctica de demolición por vía carnal…

Con un aspecto igual de complejo que el de Rachael (Sean Young), sólo que con pelo de colores en lugar de hombreras gigantescas, Ana de Armas se muestra aquí como protagonista femenina de la película. Y, de entre los muchos misterios sobre Joi, el personaje de la actriz cubana, nos quedamos con uno. Uno de clase comercial, para ser exactos.

Según vemos en anuncios y en hologramas, Joi semeja ser el nuevo producto estrella de la Tyrell Corporation. Vamos, que la compañía semeja estar está lanzándola con vistas a la campaña postapocalíptica de Navidad. Mas, ¿no habíamos quedado en que los replicantes solo eran legales en el espacio exterior? Cuando dice que sus factorías no dan abasto, ¿quiere decir Jared Leto que los pellejudos son ahora legales en nuestro planeta? Misterio…

Dado que el primer teaser de Blade Runner 2049 nos mostró el encuentro entre los personajes de Gosling y Harrison Ford, seremos breves. Sólo dejamos caer que, probablemente, Deckard no es un replicante (o, si lo es, no caduca a los 4 años). Y también que, desde aquel tropiezo en la azotea del Bradbury Building de Los Ángeles, vive recluido en un desierto que habría hecho las delicias de Philip K. Dick.

¿Qué “preguntas” desea hacerle el Agente K al viejo Rick Deckard? ¿Por qué razón parten los dos en su coche volador? ¿Buscan algo? Y, si es de este modo, tendrá que ver con los misteriosos números “6-10-20” que halla K grabados en una roca. De ser esto una data (“10 de junio de 2020”, en notación anglosajona), mencionaría a algo que tuvo sitio no mucho después de noviembre de 2019, el mes en el que transcurría la historia de Blade Runner…

Los humanos (¿humanos?) protagonistas de la película ya han recibido bastante atención. Vamos a centrarnos en los monstruos genéticos del futuro, que prosiguen destacando en una serie de habilidades muy específicas.

Primera habilidad: vestirse raro. Echadle un vistazo a Mackenzie Davies Carla Juri, y decidnos si no son dignas herederas de Pris (Daryl Hannah), sus mallas y su pelazo.

Segunda habilidad: resultar seductores, a la par que amenazadores. Que se lo digan al personaje de Sylvia Hoeks, quien, aparte de llevar un modelito muy afín al de Sean Young, semeja ser la asesina de confianza de Mackenzie.

Tercera habilidad: hacer que los blade runners atraviesen paredes con la cabeza. Esto último podemos verlo merced al Agente K y a Dave Bautista. Una escena que, a propósito, recuerda mucho al duelo final entre Harrison Ford y Rutger Hauer en el filme original.

Como puede comprobar, con desesperación, más de un espectador pureta, muchos jóvenes que ven Blade Runner por primera vez se quedan bastante decepcionados ante la poca acción del filme. Unos pocos tiros por la espalda, una persecución en la azotea y algún hueso roto que otro: eso es todo cuanto Ridley Scott nos ofreció. Blade Runner dos mil cuarenta y nueve, por el contrario, promete ir sobrada en ese sentido. Tenemos puñetazos…

Tenemos explosiones…

¡Y tenemos un spinner haciendo trompos en un edificio!

…Y, en el planeta de Blade Runner, generalmente termina encontrando algo que no le gusta nada. Véanse para probarlo las caras de desesperación que pone Ryan Gosling en instantes selectos del tráiler. Seguro que todos y cada uno de los entusiastas ya estamos pensando lo mismo. Es decir, que esas miradas al vacío, esos ademanes de agobio y esos chillidos de horror sólo desean decir una cosa: el agente K es un replicante. Pero, mucho ojo, pues, si estas imágenes están en el tráiler es porque Denis Villeneuve y el argumentista Hampton Fancher desean que pensemos justo eso. Nosotros, hasta el momento en que no veamos un unicornio de papel de plata, vamos a tener nuestras dudas.