[Cannes 2017] Sin perdón contra Godard

¿De qué se habla el día de hoy en Cannes? No faltan temas de interés, siempre y en toda circunstancia conforme gustos, claro: desde la mochila sospechosa que obligó a desalojar el día de ayer la sala Debussy (¿quién no creyó que Godard había orquestado un atentado contra la primera proyección de Le Redoutable, la película de Michel Hazanavicius sobre una etapa de su vida?) al nuevo look de Lara Croft cyberpunk con el que apareció Kristen Stewart a presentar el último corto que ha dirigido. En el apartado de mitomanías personales: el coreano Hong Sang-soo leyendo un libro sobre Stefan Zweig Joseph Roth. Lo que ese interés puede significar para su filmografía hace salivar más que cualquier alfombra roja.

¿Qué películas has visto? No entré a ver Sin perdón en el pase especial que presentó Clint Eastwood, porque en su lugar acudí al reencuentro con otra leyenda viva del cine más similar a mis intereses: Agnès Varda, que firma junto al artista galo JR su última película: Visages, villages. 

Tan aguda y candorosa como es costumbre, la cineasta francesa encuentra en JR algo más que un cooperador eficaz: un cómplice artístico con quien parece compartir tanto intereses como un humor favorable a los juegos con las palabras y las cucamonas. A bordo de una furgoneta fotomatón con forma de cámara fotográfica, ambos se dedican a recorrer diferentes pueblos de Francia retratando a los más especiales de sus habitantes para imprimirles retratos gigantes con los que empapelar un edificio o bien lugar característico de la zona. Una idea fácil y adorable en la era del selfie que funciona maravillosamente.

Con lo que no contaba es con un final tan amargo para una película que nunca baja los decibelios de alegría; ni siquiera cuando asistimos a las inyecciones oculares a las que se debe someter una Varda ya casi nonagenaria para intentar retrasar su pérdida de visión. Resulta que la última parada en el viaje del filme es la casa de Godard. No sé sabe muy bien por qué a la cineasta se le ocurre visitar a su gruñón y ermitaño antiguo amigo de la Nouvelle Vague (hay una subtrama de identificación con JR y sus perennes gafas de sol, mas esto resulta deficiente para justificar el aparatoso resultado), mas el caso es que el franco-suizo hace gala a su fama de ruindad y no solo no recibe al dúo de visitantes, sino que deja un mensaje bastante doloroso para Varda, que rompe a llorar. Final desolador para una película tan vitalista que, no obstante, al cerrar el metraje consigue de algún modo su objetivo: hacer un retrato de Godard tan amplificado como los de las personas anónimas que han ido fotografiando.

Retratar a Godard con mala leche se supone que también es lo que pretendía Michel Hazanavicius en Le Redoutable, su adaptación de las vivencias de Anne Wiazemsky junto al director de La chinoise que la propia actriz contó en el libro de memorias Un año atareado. Pero los antigodardianos aprovecharían mucho mejor su tiempo haciendo caso a la película de Agnès Varda que a la cuchufleta inane de Hazanavicius. El aspirante a peor directivo del cine francés actual se salta las vivencias del libro de Wiazemsky que le dan la gana y agrega otros apuntes biográficos sobre Godard en un ejercicio de fetichización torpe de los clichés sobre las primeras películas del autor de El desprecio y un intento ridículo por parodiar unos recursos visuales y narrativos ya más que superados.

Louis Garrel intenta mimetizarse en un Godard caricaturizado hasta el absurdo, cuyas andanzas y malentendidos apuntan a una visita de Larry David al mayo del sesenta y ocho francés. Mientras, Anne Wiazemsky continúa tan ausente del relato, salvo para educar continuamente el cuerpo desnudo de Stacy Martin (¿tanto costaba buscar a una actriz actual que verdaderamente se pareciera a la protagonista de Al azar de Baltasar? ¿Adèle Exarchopoulos no estaba libre o qué?), que si no fuera por la génesis literaria del proyecto no sabríamos ni que Le Redoutable pretende plasmar su experiencia personal de la relación. Pero Hazanavicius se debe demasiado al gag poco inspirado para dotar con un mínimo de profundidad a sus ocurrencias. Al final, la película no sólo es un descalabro a nivel de sátira estética, histórica o bien puntual; ni siquiera es audaz lanzando dardos. Más ofensivos con el legado godardiano fueron Jim McBride Richard Gere cuando hicieron Vivir sin aliento (1983), el remake hollywoodiense de Al final de la escapada.

La imagen del día: Nicole Kidman, altavoz en la mano, guía a un grupo de punks en el ataque a una mansión tomada por un colorista ejército de razas alienígenas en la adaptación de How to Talk to Girls at Parties, el relato de Neil Gaiman que John Cameron Mitchell ha llevado al cine con Elle Fanning de protagonista.

¿Qué esperas de mañana? Después de presentar el día de hoy fuera de concurso Claire’s Camera con Isabelle Huppert, mañana viene la película en competición de Hong Sang-soo: The Day After. Ganazas es poco.

Palmómetro: A la espera de ver la Happy End de Haneke esta tarde, seguimos sin preferidas claras (si Ruben Östlund cuenta como favorito, paren el planeta que me bajo). No obstante, The Meyerowitz Stories de Noah Baumbach, con eso de rememorar a mucha gente que Adam Sandler no solo puede ser un intérprete competente sino más bien un actor de los buenos cuando le apetece levantarse del sofá donde parece que lleva viviendo el último decenio, ha generado voces en favor de que el protagonista de Zohan: Licencia para peinar obtenga el premio de actuación. La película de Baumbach es de las flojas, pero no lo voy a negar: eso específicamente sería muy bonito.