[Cannes 2017] Sofia Coppola seduce con un remake recalentado

¿De qué se habla el día de hoy en Cannes? Parece que The Florida Project es la película de Cannes 2017. Aunque en realidad no está en el festival principal, sino más bien en la Quincena de Realizadores, el nuevo filme de Sean Baker después de la tremenda Tangerine ha levantado el tipo de entusiasmo extendido que se echa en falta tras cualquier proyección de la competición por la Palma de Oro. Recomendada en todos los corrillos de la Croisette, esta burbujeante historia de vacaciones infantiles ya ha agotado sus próximos pases de mercado y, indudablemente, es uno de los títulos más cotizados entre los distribuidores. Ya vamos a ver si no se lleva también premio de la Quincena, donde sin duda se está viendo el mejor cine estos días.

¿Qué película has visto? El cariño y respeto que siento por gran parte de la filmografía de Naomi Kawase me impide ponerme a escribir una retahíla de exabruptos a cargo de Hikari (Radiance), su última película más en la línea de Isabel Coixet que en la de la cineasta que una vez nos conquistó con Shara (dos mil tres). Conque mejor pasemos a La seducción, de Sofia Coppola.

Para hablar de La seducción, podemos partir de una base razonable. A grandes rasgos, hay 2 tipos de remakes en el cine: los que se restringen a reiterar los aspectos notables de la obra original y los que edifican a partir de ellos. Es obvio que la segunda categoría resulta considerablemente más interesante y valiosa (lo han probado Brian De Palma, John Carpenter, David Cronenberg, Martin Scorsese, Werner Herzog o Rob Zombie) y la primera, una operación comercial que, con suerte, puede no dar vergüenza ajena. ¿Dónde deberíamos situar La seducción de Sofia Coppola con respecto a El seductor (1971) de Don Siegel? La narrativa oficial busca una tercera vía: charlar de adaptación de la novela original de Thomas Cullinan, de la que toman ambas versiones y que la propia Coppola ha firmado.

Pero esto oculta lo principal: La seducción no aporta nada frente a El seductor; sin precisar ello, por mucho que compartan fuente literaria (basta ver las diferencias entre La guerra de los mundos de Haskin y Spielberg, o bien las Solaris de Tarkovski y Soderbergh). Lo que hace es difuminar bajo velos de encaje la tensión, la sensualidad sudorosa, que transpiraba cada fotograma del filme de Siegel con Clint Eastwood como un soldado herido y atrapado en un internado femenino. La seducción ofrece una versión mucho más vaporosa y esterilizada de exactamente la misma historia, sin cambios que dejen apreciar la mano de la mano de la directiva alén del reparto femenino y detalles superficiales.

Aquí es Colin Farrell (un hombre con carrera en esto del remake templado: Noche de temor, Reto total) el soldado herido que termina a cargo de Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning y compañía. La peligrosa desestabilización hormonal que implica su llegada a esta comunidad femenina, aislada durante la guerra de secesión, brinda los mejores instantes de la siempre y en todo momento muy elegante y fluida escenificación de Coppola, pero se echan en falta los afilados niveles de perversión que conseguía Siegel con los mismos materiales. De donde el director de Harry el Sucio sacó una montaña, la de María Antonieta hace un montículo de harina.

El directivo brasileiro Kleber Mendonça Filho dijo una vez que lo que más le maravillaba de El seductor es que puede leerse como el prólogo de una historia de fantasmas; cuenta el nacimiento del fantasma que torturará a los habitantes del caserón a lo largo de siglos. Esto sería imposible decirlo de la versión de Sofia Coppola. Es una cuestión de tono, mas también de decisiones narrativas que convierten el instante más climático del relato en un recurso de necesidad quirúrgica sin ningún rastro de la ambigüedad sádica que tan bien podría haber expresado una Kidman sobresaliente; el recurso de Philippe Le Sourd a la iluminación natural y las velas queda muy lejos del que fue uno de los primeros trabajos de Bruce Surtees como director de fotografía.

Así pues, concluímos: La seducción no es ni un remake imaginativo, ni aporta nada a la historia del cine. Recalienta lo que ya había, perdiendo nutrientes por el camino. Mas nos deja disfrutar de un cosmos en claroscuro habitado por Kidman, Dunst y Fanning con vestidos abotonados y trenzas. Dentro del panorama de la competición del actual año, una nota al pie de la filmografía de Sofia Coppola es prácticamente un regalo. Tan inquietante como un soldado herido a la puerta de tu internado femenino.

La imagen del día: Cary Grant, ya retirado de la actuación, bailando con su hija Jennifer en las películas caseras que salpican el documental Becoming Cary Grant, firmado por Mark Kidel y presentado en la sección Cannes Classics. Se trata de una mirada sicológica a la carrera de Grant, sin muchos alardes formales pero una interesante compilación de imágenes íntimas grabadas por el propio actor, documenta cómo un chaval de Bristol llamado Archibald Alexander Leach llegó a transformarse en una de las más fascinantes estrellas del Hollywood tradicional. El acceso a ese material tiene su valor. Cary Grant se retiró del planeta del cine en 1966, cuando nació su hija, la única persona para la que siguió actuando.

¿Qué esperas de mañana? Últimas oportunidades de redención para la competición oficial al cargo de Sergei Loznitsa, los hermanos Safdie y Lynne Ramsay. No es mal cuarteto en el que depositar esperanzas.

Palmómetro: Si se dejan a un lado las comparaciones con la versión de Siegel, la verdad es que La seducción de Sofia Coppola tiene encantos bastante difíciles de obviar. Y, reconozcámoslo, poca gente ha visto la película de Siegel. Puede que ocurra lo mismo en el jurado. Lo seguro es que Nicole Kidman ha hecho su buena cantidad de méritos para ser una de las candidatas más fuertes al premio de interpretación femenina; lo mismo que Vincent Lindon con Rodin para la categoría masculina.