¿Cómo acaba The Leftovers? Tú eliges el final

SPOILERS ABSOLUTOS DE ‘THE LEFTOVERS’ Y SU FINAL

Ha sido un camino apasionante y hermoso llegar hasta acá, mas The Leftovers ha terminado. Han sido tres temporadas de la serie de Damon Lindelof (Perdidos) para HBO que empezó adaptando el libro homónimo (Ascensión en España) de Tom Perrotta junto al escritor para irse desviando poco a poco más por meandros narrativos inusuales una vez que la base literaria se agotó.

Aclamada por la crítica, pero ignorada por la mayor parte del público, The Leftovers ha tenido el privilegio de poder cerrarse conforme el deSeo de sus creadores. Y estos han aprovechado la ocasión para crear una temporada final más corta, donde los arcos de cada personaje se iban cerrando sin dejar de proponer nuevos y fascinantes interrogantes. Hasta llegar a un episodio final con sabor de epílogo, titulado The Book of Nora y dirigido por Mimi Leder (la realizadora que ha acabado tomando el –excepcional– pulso visual a la serie), donde el misterio de la Ascensión que hizo desaparecer al dos por ciento de la población mundial deja de interesar definitivamente para centrarse en la experiencia personal y humana de los protagonistas.

Esto es algo que la serie siempre y en toda circunstancia recalcó. Desde el principio, The Leftovers no jugó a jurar una explicación para el enigmático fenómeno (cuando empieza la narración ya han pasado tres años desde ese momento), sino más bien a explorar sus consecuencias; a nivel social y, sobre todo, psicológico para un puñado de personajes afectados de distintas formas por lo ocurrido. Cada uno, con su manera de salir adelante. De digerir el trauma de la desaparición de tus seres queridos; una evaporación sin el cierre psicológico y cultural de la muerte. La tortura de la incertidumbre, aplicada como mucho básico de la existencia.

LA ODISEA DE NORA

Ante esa situación, el personaje que se elevó por sobre los demás (sin comenzar siendo la protagonista clara) fue Nora Durst, interpretada por la inusual actriz teatral Carrie Coon (ahora asimismo en Fargo). Nora perdió a su marido y sus dos hijos durante la Ascensión. Encarna una anomalía estadística aún más difícil de explicar que el fenómeno en sí. Cuando 140 millones de personas se esfuman sin dejar rastro, es fácil que alguna pertenezca a tu familia, más todavía a tu círculo cercano o bien gente famosa. Que sean tres de cuajo, es mucho más duro de asimilar.

El arco de Nora a lo largo de The Leftovers, el que la ha transformado en uno de los personajes más complejos y emocionantes de la ficción televisiva reciente, se basa en buscar un cierre a la situación. Poder pasar página. Para ella, eso empieza buscando una posible verdad sobre lo ocurrido en la Ascensión, motivo por el que trabaja para el Departamento de Desapariciones Repentinas. Después, va a probar otras muchas prótesis con las que aliviar su síndrome del miembro fantasma: desde la bebé Lily hasta, al principio, su relación con Kevin (Justin Theroux), que más adelante va a ir variando.

Nora es una mujer de prótesis sensibles, como sus lágrimas del final del cuarto episodio de la tercera temporada: el sistema contra incendios del hotel.

Y esto nos lleva al episodio final de la serie: la entrada de Nora en la máquina que aparentemente puede llevarla al lugar donde se encuentran su marido, sus hijos y el resto de desaparecidos. Justo cuando está a punto de completarse el proceso, una elipsis lleva la acción múltiples años hacia el futuro. Allí, unos avejentados Nora y Kevin se rencuentran en Australia.

Él finge haberla encontrado por casualidad, conociéndola como vecina del pueblo donde trabajó de policía, sin mentar ni un solo recuerdo de su relación juntos. Pero pronto acaba revelándose que es una farsa y, en los refulgentes diez últimos minutos de la serie, llega el turno de Nora para explicar lo que sucedió cuando entró en la máquina. ¿Funcionó realmente o bien no?

¿Llegó Nora a viajar a otra realidad en la que estaban todos los desaparecidos durante la Ascensión, donde falta el 98 por ciento de la población mundial (sus propios desaparecidos) y se las ingenió para lograr regresar ocultando su identidad?

NORA DICE LA VERDAD

Mucha gente, igual que Kevin, cree la historia de Nora; tanta, que hasta Damon Lindelof se ha sorprendido. Apoyan esta teoría la existencia de por lo menos algún que otro componente fantástico en la serie, el rechazo con el que reacciona Nora frente a las mentiras de Kevin en su rencuentro (quiere que él afirme la verdad para poder contarle ella la suya) y el factor definitivo de que cuando se introduce en la máquina es acusada de ser muy mala mentirosa (a pesar de que proclama varias veces que no miente). Por otra parte, si la máquina no hubiese funcionado, le habría sido mucho más difícil esconderse con su nueva identidad; su hermano Matt estaba presente en el instante del experimento.

NORA MIENTE

Igual que aquellas lágrimas artificiales expresan una verdad profunda, The Leftovers ha tratado muchas otras formas que tenemos de explicarnos la realidad, especialmente cuando esta implica traumas. Desde los aprecios, la religión, la superchería, la pseudociencia hasta la oratoria, todo ha sido mencionado de una manera u otra. Este es el tema de la serie: los relatos que contamos para (auto)explicarnos. Al final, asistimos al encuentro de Nora con su relato satisfactorio.

Es evidente que Lindelof, Perrotta y Leder juegan a la vaguedad para dejar la puerta abierta a las 2 interpretaciones, mas también introducen elementos que apuntan hacia la invención de su relato. Lo que, dramáticamente, supone el clímax del arco de Nora.

Cuando accede a ir con Kevin al baile (bueno, boda), asiste a la ceremonia en la que los demás presentes ponen unos collares que simbolizan sus pecados sobre una cabra y sueltan mensajes de amor con unas palomas. Ella rechaza el collar y sabe que las palomas no van a llegar lejísimos. Nora sigue siendo una defensora de la verdad frente a los relatos (las palomas), por más preciosos que la realidad puedan ser.

Eso cambiará tras dos instantes decisivos: su rescate de la cabra enganchada en una alambrada (a lo largo del que pone sobre su cuello los collares de pecados) y su enfrentamiento con la monja a quien acusa de mentirosa hasta que ella le recuerda que Nora tampoco dijo la verdad sobre Kevin. Desde ahí, la actitud del personaje es distinta y considerablemente más relajada. Cuando llega de nuevo Kevin a su casa, y revela que todo cuanto le afirmó anterior era falso, sencillamente le ofrece un té y su versión de lo ocurrido durante los últimos años: la máquina funcionó, viajó a la otra realidad. Da igual si es falso o bien no: Nora entiende por fin que necesita creer en ello. Kevin asimismo.

Atención al plano final: la cabra abandona la casa, las palomas regresan; se va la carga del pasado, llega una promesa de amor que, si bien no tiene base real, es eficaz como historia para sostenernos con vida. Nora ha devenido su propia prótesis narrativa. Igual que The Leftovers ahora es la nuestra. Y cada espectador escogerá qué versión de la historia pensar para seguir adelante.

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