¿Cuál es el mejor final de la historia del cine?

“Los minutos más esenciales de cualquier guión son los quince primeros, y los 15 minutos vitales de cualquier película son los quince últimos”. El periodista Iván Reguera recupera esta oración del guionista William Goldman (Dos hombres y un destino) en las primeras páginas de su nuevo libro Los mejores finales de la historia del cine (a la venta desde el 23 de mayo), en el que desgrana esos 15 últimos minutos de metraje de algunas de las películas más icónicas del séptimo arte.

John Ford, Alfred Hitchcock, Steven Spielberg, Woody Allen, Roman Polanski, Martin Scorsese… Cineastas consagrados y sus producciones más afamadas ocupan las páginas de un libro que es, ante todo, un homenaje al cine. Así pues, Reguera repasa finales improvisados, diferencias creativas o bien tomas accidentadas, que podían haber alterado radicalmente ciertos de tus resultados preferidos. Tampoco olvida los peores finales del cine, entre aquéllos que resaltan grabes como Ghost, Titanic o bien No es país para viejos. Ahora, os adelantamos algunos de los secretos que encierra Los mejores finales de la historia del cine.

Uno de los grandes éxitos de los Monty Python debe su ingenioso final musical a la improvisación. El propio Eric Idle confesó que no sabían de qué manera acabar la película cuando se le ocurrió la idea de hacerlo con un alegre número musical desde la cruz. Dicho y hecho. Fue a casa y compuso Always Look on the Bright Side of Life. Años más tarde, los miembros de la banda volverían a cantar la canción en el funeral de Graham Chapman (Brian).

Tratándose de una película basada en una novela de Patricia Highsmith, y con Alfred Hitchcock tras las cámaras, ¿qué podía salir mal? A pesar de ser ahora una obra de culto, el desenlace de Extraños en un tren fue bastante accidentado. No en vano, consistía en rodar un asesinato en una feria, mediante un plano imposible, reflejado en las lentes de una joven. Resulta que el pobre especialista que debía desplazarse bajo el tiovivo fuera de control estuvo a punto de morir en el intento.

El desgarrador final de la producción de Steven Spielberg pudo haber sido muy, muy diferente. Hubo un desenlace alternativo, que aun llegó a rodarse, en el que Elliott hacía la próxima reflexión: “Vinimos en paz. Hemos estado en este viaje a lo largo de muchos días. Somos aventureros buscando experiencias, y si no conseguimos ninguna, no vamos a ser capaces de subsistir en este planeta. Adiós, Y también.T.”. Menos mal que por último se optó por el dedo iluminado del extraterrestre tocando la frente del pequeño y la frase: “Estaré… aquí mismo”.

No siempre y en todo momento directivo y guionista están de acuerdo sobre el rumbo que debe tomar una película, o su final. Este fue el caso de Chinatown, en la que el guionista Robert Towne y Roman Polanski llegaron a las manos por sus diferencias creativas. Polanski estimaba que tanto el filme como su desenlace eran demasiado largos y complicados, y Towne, por su parte, quería un final feliz. Al final ganó la obscura idea del director, y Towne tuvo que conformarse con el Oscar.

La cinta de Luis García Berlanga causó un enfrentamiento diplomático. Y no por sus mofas al plan de ayuda de los EE UU, sino a raíz de cierta bandera norteamericana, que terminaba siendo arrastrada por un desagüe al final de la película. Al parecer, el actor Edward G. Robinson, que vio Bienvenido, Mister Marshall en el Festival de Cannes, se habría quejado al encargado general del festival, quien pidió a los productores españoles que quitaran esos ochos segundos de metraje. Y la delegación española acató las órdenes, no fuese a ser que se quedaran sin premio…

Los mejores finales de la historia del cine ya está a la venta con más desenlaces, más secretos y más anécdotas de cine.