El hombre que convirtió un quiosco de hamburguesas en McDonald´s

“Wham! Bam! You don’t wait long, shake, fries, patty you’re gone”, cantaba Mark Knopfler en su peculiar himno al rey de las hamburguesas Raymond Albert Kroc, el fundador de McDonald’s que, con su amarillísima “M” patilarga, reinventó las costumbres alimentarias del planeta occidental. El fundador, dirigida por John Lee Hancock (Un sueño posible, Al encuentro de Mr. Banks), cuenta la historia de este paladín de el alimento rápida que condujo ambulancias de la Cruz Roja –aunque su formación acabase con la Segunda Guerra Mundial finiquitada–, trabajó de pianista profesional y vendió vasos de cartón y Multimixers antes de que la vida (y su olfato para los negocios) le pusiese en el camino de los hermanos Mac y Nick McDonald (John Carroll Lynch y Nick Offerman en el filme), propietarios de un pequeño quiosco en San Bernardino (California) que se distinguía del resto de establecimientos de hot dogs y hamburguesas en que el servicio era veloz, el menú limitado y carecía de sillas y mesas.

“Piensas que conoces la historia y luego te das cuenta de que no tienes ni la más remota idea de lo interesante que es”, contaba Michael Keaton, el actor de Birdman y Spotlight escogido para interpretar a Ray Kroc en este antibiopic escrito por Robert D. Siegel (El luchador, 2008), salvado de la Black List por la productora del actor Jeremy Renner. “Realmente no es un biopic. Transcurre entre 1954 y 1961, un periodo de tiempo muy específico”, cuenta John Lee Hancock sobre su película, que recrea asimismo un momento específico de la historia de Estados Unidos. A mediados de los años cincuenta más de cuarenta millones de automóviles circulaban con prisa por los sesenta y siete y quinientos kilómetros de carreteras construidas. Brotaron entonces la llamada “cómida rápida”, los Drive-in y las camareras que servían milkshakes y hamburguesas en patines. Es en ese contexto en el que Ray Kroc, vendedor itinerante de Multimixers, recibió un encargo desproporcionado para un pequeño local de San Bernardino y aprovechó un viaje a Los Ángeles para acercarse a conocerlo. A las 11:30 de la mañana, la cola de este quiosco de hamburguesas llamado McDonald´s daba la vuelta a la manzana, lo que llevó a Kroc a consultar a todos los clientes por qué razón acudían a comer allá. La respuesta ya la conoces.


“Lo primero que me vino a la cabeza al leer el guión fue Muerte de un viajante, de Arthur Miller, mas con un último acto diferente. Sin duda, lo que más me interesó fue que, como espectador, te ponía muy a favor de su protagonista a lo largo de la primera mitad, mas, en la segunda, hacía exactamente todo lo contrario”, prosigue su directivo sobre la evolución del ambicioso Ray Kroc. Convencido de que había encontrado un modelo de negocio que encajaba realmente bien en esos años de desarrollo de EE UU, el vendedor se presenta ante los hermanos McDonald y les propuso extender el negocio a distintos puntos del país. 5 años después y con más de 200 franquicias vendidas en todo U.S.A., endeudado por el polémico contrato firmado con los empresarios, Kroc decidió adquirirles su parte del negocio por casi 3 millones de dólares. Tres millones por aquel quiosco de hamburguesas en el que, como rezaba Knopfler, no hacía falta esperar: tus patatas, tu batido, y te podías marchar.