Es Àlex Brendemühl el actor español más internacional

Es Àlex Brendemühl el actor español más internacional: Su nombre es buen anticipo. El acento del revés y el apellido alemán: Brendemühl. Asimismo el perfecto francés que habla en El sueño de Gabrielle. En la última película de Nicole Garcia (El contrincante, Un beau dimanche…), el políglota actor interpreta a José, un republicano refugiado en Francia que acepta casarse con la trastornada hija de sus empleadores (Marion Cotillard) para escapar de la miseria de la guerra y el exilio. “La película de Nicole Garcia brotó porque el director de casting me conocía de una película precedente y me propuso. A la directiva le gustó y Marion asimismo quería que lo hiciese . Luego le entraron las dudas a la directiva y prosiguió buscando actores españoles. Para volver finalmente a mí y proponerme el papel”, recuerda el actor que en nuestros días se halla rodando Petra, la nueva película de Jaime Rosales.

Es Àlex Brendemühl el actor español más internacional

Todos conocemos a Àlex Brendemühl (Barcelona, 1972) por sus interpretaciones en Las horas del día, Yo o 7 años, pero poco sabemos de sus trabajos en el extranjero. De madre española y padre alemán, el actor habla además del francés, alemán y catalán, castellano y también inglés. “Mi madre me charlaba en castellano, mi padre en alemán y he crecido con el catalán también. Cuando estoy mucho en Francia, acabo soñando en francés, o en inglés, cuando escucho mucho inglés”, explica sobre un pupurrí lingüístico que no sólo le viene de casa. “El francés lo aprendí en el instituto y mi madre era profesora de inglés, con cuatro años me apuntó a una academia”.

Brendemühl lleva más de quince años actuando en el extranjero y en otros idiomas, desde que en dos mil dos comenzase a percibir papeles en telefilmes franceses. Mas fue su interpretación de un alemán en Yo (dos mil dos), ópera prima de Rafa Cortés, la que le ofreció su primer personaje esencial en una película alemana, Die Liebe der Kinder. “Le conocí trabajando como segundo asistente de dirección de Un banco en el parque. Cuando la peli se estrenó en Donosti le hable por vez primera de Yo, historia que tenía en la cabeza desde hacía tiempo –recuerda Cortés de su primera película cuyo crédito de guionista comparte con Brendemühl–. Nos entendemos muy bien, compartimos los principios de nuestras carreras, cuando todavía no sabíamos ni qué tipo de actor era ni qué tipo de director sería yo”.

Die Liebe der Kinder era la historia de una pareja que se conocía por internet y, poco después, iniciaba una convivencia al unísono que sus hijos adolescentes se enamoraban. “Había elegido ya a la actriz protagonista, Marie Lou Sellem –recuerda su directivo Franz Müller, con el que el actor prepara un nuevo proyecto que se va a rodar el invierno que viene–. Procuraba a un hombre que para ella fuera desconocido por lo que intenté huir de los actores alemanes de su generación. Comencé a preguntar por alguien extranjero y me hablaron de un tipo que vivía en Barna y charlaba alemán”. Ese tipo era Àlex Brendemühl, que con su interpretación en Yo se metió en el bolsillo a Müller. “En esa película hacía un papel totalmente distinto al que había escrito en mi película, pero me agradó mucho descubrir que era un actor que interpretaba con su cuerpo”.

“Die Liebe der Kinder fue una pequeña película alemana que me reportó muchas contestaciones positivas y muchas propuestas de trabajo en ese país”, explica Brendemühl, para el que el conocimiento de idiomas deja la posibilidad de aprender de formas de pensar y sentir diferentes. “Yo rodaba en ese momento un telefilme en la ciudad de París y el directivo vino a verme allí. Conversamos a lo largo de horas de la película, y de esta forma empezó mi trayectoria en el cine alemán”. Trayectoria que incluye películas alemanas como Eltern (Robert Thalheim, dos mil trece) o bien Wann endlich küsst Du mich? (Julia Ziesche, dos mil dieciseis), pero asimismo francesas Parisiennes (Slony Sow, dos mil quince), Django (Etienne Comar, dos mil diecisiete)–, el corto islandés Babybird, Unborn (Katrín Ólafsdóttir, dos mil once), el largometraje búlgaro Twice Upon a Time in the West (Boris Despodov, dos mil quince) o la coproducción hispano-francesa Santuario (Olivier Masset-Depasse, 2015) en la que Brendemühl se atreve hasta con el euskera.

Para el actor la diferencia entre trabajar dentro o bien fuera de España no está tanto en los idiomas como en el enfoque de los personajes y del directivo. “Los hay que desean ensayar mucho, charlar de la sicología del personaje, de la manera de vestir, charlar, caminar…y hay otros que no quieren anticipar nada y prefieren que brote en el rodaje. Esa es más bien la diferencia de cada proyecto”, explica. “Luego está el hecho de que a mí me demande un trabajo más pormenorizado a nivel lingüístico en función del idioma del filme”. Un trabajo que en muchas ocasiones va acompañado de la asistencia de un coach. Como en Santuario, la TV movie francesa sobre ETA rodada en francés, de España y euskera. “El euskera lo tuve que aprender escuchando la grabación de una coach mil veces para impregnarme del tono y la pronunciación. Al final conseguí que los actores vascos me dieran el visto bueno, me dijeran que sonaba a euskera. Me llenó de satisfacción como jamás, pues fue una misión difícil y elaborada”. Mas que, en el caso de sus idiomas aprendidos, marcha de otro modo.

“Àlex tiene una mente poliédrica. Cuando interpreta a un personaje en otra lengua no traduce. Cuando habla esos idiomas, no recita ni finge acentos, piensa en los idiomas en los que habla”, explica Rafa Cortés sobre un intérprete que, en sus propias palabras, “actúa desde un prisma mental, a diferencia de otro género de actores que trabajan con el sentimiento”. “Cuando tú miras a Álex es posible que no tengas claro qué siente, mas puedes estar seguro de que piensa algo –añade el director–. Ese es el enorme pilar de su interpretación. Es increíble la capacidad de evocar que tiene con la mirada, lo que hace que sus personajes acostumbren a estar marcados por cierta inteligencia, cierto conflicto interior y que suelan saber algo que el resto de los personajes o bien el público desconocen”. Algo que, sin ir más allá ocurre en El sueño de Gabrielle, en la que su personaje es mucho menos secundario de lo que parece a primera vista. Pero asimismo en El cónsul de Sodoma, En la urbe, Insensibles, Stella cadente, siete años o El médico alemán, en la que interpreta al nazi Mengele en su escondite de La Patagonia.

“No creo que existiera otro actor que reuniera todo cuanto Àlex tenía a favor para interpretar el personaje: habla alemán a la perfección y español; es escalofriantemente parecido a Mengele y compartió la idea de huirle al estereotipo… a los verdaderos sicópatas unos no los ve venir”, explica Lucía Puenzo desde Argentina sobre un actor al que define como inteligente, sensible, trabajador y sumamente desprendido. “Hay una anécdota del rodaje que refleja esto realmente bien –recuerda–. Cuando llegó la hora de grabar las escenas de la niña más dramáticamente comprometidas, a Flor [Bado, la protagonista de 11 años] le costaban ciertos registros. Alex, en espejo, le iba diciendo sus líneas con la pretensión de actuación exacta que procurábamos. Flor era una esponja en el momento de imitar lo que veía. Con lo que actuaba en espejo, imitando a Alex. Cuando teníamos las tomas de la niña, Alex pedía unos minutos, y salía transformado en Mengele. Lo que te cuento es algo atípico, muy pocos actores tendrían un gesto tan espléndido y de tanto dispendio de energía, y es un recuerdo que para mí resume el tipo de actor que es Àlex”.

¿Es diferente trabajar en un rodaje alemán que en uno francés o de España? Conforme el intérprete, “la tribu del cine termina siendo muy parecida en todas y cada una partes. Somos nómadas que no acoplamos a dónde te toca estar en cada momento y te terminas mimetizando con el lugar. Me ha pasado en la Patagonia como en la selva amazónica, como en Islandia. Se distinguen pequeños detalles organizativos, de producción, formas de hacer. En Alemania hay un enfoque más conceptual a la historia y los personajes, al paso que aquí somos más intuitivos. Las dos formas de trabajar me estimulan, intento extraer lo mejor de cada una”.

Eso sí. Cada vez es mayor la brecha que separa las cinematografías española y extranjeras en cuestión de calidad. “En Alemania enseguida me han propuesto papeles interesantes en guiones estimulantes. Aquí, en ocasiones tengo la impresión de que cada vez estás empezando de nuevo, no parece sumar la trayectoria ni la experiencia. Priman otros factores como los followers o bien la popularidad ya antes que la calidad del trabajo. Y esto va a más, es un problema cultural”, cuenta Brendemühl, para el que el hecho de ser poliglota supone “la capacidad de poder reproducir con emoción algo que ha escrito alguien en una lengua que jamás va a ser la tuya. Y saber reconocer dónde conectas con la emoción de ese personaje, con su alma”. O sea, que si bien en España sigamos por este incierto camino, siempre nos quedarán otros idiomas en los que admirar a Brendemühl.

El sueño de Gabrielle se estrena el nueve de junio.