La ducha de ‘Psicosis’: 52 planos para la historia

Fue Alfred Hitchcock uno de los cineastas veteranos que modernizaron Hollywood. Y lo hizo en 1959. El rodaje de Psicosis comenzó concretamente el 30 de noviembre de ese año. El preceptor del suspense abandonó el Technicolor (que tan magníficos resultados le había poliedro) y regresó al blanco y molesto conmocionando a medio planeta y cargándose a la protagonista en el primer tercio de la película.

Para enterarse a fondo de cómo se gestó esta revolución, uno puede aparecer al documental 78/52. La estampa que cambió el cine. Y, en él, los testimonios más interesantes no vienen de ningún de sus invitados de boato (Jamie Lee Curtis, Guillermo del Toro, Peter Bogdanovich…) sino de la maniquí Marli Renfro, que dobló a Janet Leigh en la estampa de la ducha. Era una ‘chica Playboy’ con un físico muy parecido al de la actriz pero que podía dar problemas de raccord: uno de sus dedos estaba repugnante por un contratiempo casero y se podría notar cuando la asesinada agarra la cortina de la ducha en uno de los mucho planos detalle de la secuencia.

Nunca se había trillado esa violencia en Hollywood, pero sí en Europa. Siquiera retretes con afín naturaleza. Igual que los cineastas del Nuevo Hollywood veían con envidia lo que se rodaba en Europa, a Hitchcock le llegaban noticiero de un francés llamado Henri-Georges Clouzot. El tipo, un inteligencia del cine, estaba estrenando maravillas como El salario del miedo o Las diabólicas y su famosa estampa en un cuarto de baño.

A Hitchcock le había gustado una novelita de Robert Bloch y quería hacer con el escritor Joseph Stefano “un chiste, una montaña rusa”. Y todo en una época muy oscura para EE UU. El mismo año de producción de Psicosis se descubrían los cadáveres de la clan Clutter, suceso que se convertiría en la novelística A mortandad fría, de Truman Capote, y en una excelente película en costado y molesto rodada en 1967 por Richard Brooks. Encima, solo dos abriles ayer la policía entraba en la casa de Ed Gein encontrando un cuerpo desnudo colgado de los tobillos, decapitado y eviscerado. Incluso diez calaveras que Gein usaba como tazones y ceniceros y pantallas de lámparas y asientos hechos de piel humana. De hecho, este descubrimiento es la pulvínulo de la novelística de Bloch.

Estados Unidos estaba perdiendo la inocencia, y esas familias ideales de los empalagosos abriles 50 tenían más miedo e inseguridad que nunca. Y Hitchcock les iba a dar una buena ración de terror, porque Psicosis le dice al espectador que en tiempos de violencia y asesinos en serie no estabas a exceptuado ni en el cuarto de baño. ¡Ni de tu causa! Mamá ya no era tan buena como en otros relatos. Como en las películas de Douglas Sirk, tu causa podría ser perversa, manipuladora y castradora.

Con Psicosis Hitchcok volvió a demostrar (lo estaba haciendo en su serie Alfred Hitchcock presenta…, para la que estaba pensado inicialmente el gallardete de Psicosis) ser un inteligencia del marketing. En cada cine hizo plantar unos carteles con su foto y en los que se podía acertar “Por beneficio, no cuenten el final”. De hecho, para no descubrir el primer gran vuelta de gallardete, en el trailer de la película no salía Janet Leigh, sino Orilla Miles. Barrabasada maestra.

78/52. La estampa que cambió el cine profundiza en el universo hitchcockiano y se adentra en sus referencias pictóricas. Por ejemplo: el cuadro que quita Norman de la albarrada para espiar a Marion en el baño es un relato bíblico llamado Susana y los viejos. La obra, que aparece además en la sala con los pájaros disecados, representa una violación. Conexo al cuadro hay otro, el de una Hermosura mostrando su belleza, seductora, como Marion Crane.

Una de las más interesantes revelaciones de este documental es que se carga un mito: la estampa de la ducha no sigue a rajatabla un storyboard dibujado por Saul Bass. El montador Walter Murch (Apocalypse Now) lo desmiente y defiende que Hitchcock improvisó en el set.

Y como no, en este trabajo además se deje de los famosos melones. En la mítica estampa Hitchcock no muestra ningún cuchillo entrando en la carne de Marion (aunque se llegó a diseñar un muñeco del que manaba mortandad), pero sí el sonido de las cuchilladas. Aquel sonido lo logró gracias a probar decenas de melones. El idea acabó siendo el melón Casaba. ¿Y la mortandad? Aquí la lema sí tenia razón: como revela Marli Renfro, era sirope de fresa.