La vida en rosa de Eduardo Casanova

La vida en rosa de Eduardo Casanova

[Fotografía: Thomas Canet]

La casa de Eduardo Casanova (la capital española, mil novecientos noventa y uno) es una proyección de su necesidad como cineasta: un pulso entre lo dulce y lo terrible, una tensión entre lo ingenuo y lo siniestro. Como las ilustraciones de Mark Ryden, su referencia estética por excelencia, que atesora en un preciado libro. Como los dibujos sobre enfermedades que cuelgan de la pared y contrastan con el rosa que invade las verticales y el moblaje. Como Corea del Norte, “estéticamente pasmante, pero donde debajo está el horror”, representada en los retratos de sus 2 líderes que cuelgan en el pasillo. O bien como Dolores Umbridge, ese personaje de Harry Potter cuya varita expone en su casa, “que siempre y en todo momento viste de rosa, mas que es una hija de la gran puta”, apunta.

“Cuando escribo y ruedo, necesito crear un espacio en el que sienta que estoy dentro de mi planeta, lo único por lo que yo dirijo. Para mí, el cine es la solución para hallar un planeta que no me aburra. Vivir acá y relajarse no es moco de pavo, porque es una casa con mucha información, mas yo no deseo vivir completamente relajado, sino más bien crear un espacio que defina realmente bien lo que a mí me interesa: la búsqueda de lo que hay debajo de lo bonito, que siempre contiene cosas horribles. Esa es mi obsesión. Necesito estar en un entorno que aparentemente sea rosa, naif, mas que está repleto de horror”. Como Pieles, su particularísimo universo, ahora trasladado a la enorme pantalla.

Fueron su abuela –le descubrió a Almodóvar y El exorcista– y Julio Prieto, compañero de vestuario de Aída –le puso a Bruce LaBruce y John Waters delante, con apenas catorce años– quienes le introdujeron el veneno del cine. “Veo películas como el comer, por pura necesidad. Todas las noches me veo una tumbado en el sofá. Me gustan todos los géneros, pero el terror sobre todo. Nunca veo la película seguida, pues la voy examinando. La paro, me levanto y pienso. ¡Todo me lo tomo como un proceso creativo!”.

La casa de Eduardo Casanova sorprende y entretiene. El cine lo invade todo. Su mitomanía más sofisticada queda protegida por una vitrina de cristal. “Guardo en ella cosas que para mí son joyas de culto, como este paquete de películas firmadas por John Waters. Me fui a hacer una ruta a Baltimore y allá visité su casa, donde Divine se comió la mierda en Pink Flamingos. En una tienda vendían las películas y las compré”. Muy cerca, sobre la pared, surge una compilación de platos de porcelana. “Me encanta el kitsch. Son casi todos de Artefacto, unos diseñadores fantásticos. Están Gizmo de Gremlins, las gemelas de El brillo, Chewbacca, la criatura de la laguna negra…”.

Pero, de entre todas las películas, La semilla del diablo es su favorita; le siguen La parada de los monstruos (Frikis) de Tod Browning y Cosas de hembras, de John Waters. “He puesto acá un tapete con el Edificio Dakota y este teléfono que no funciona, a juego. Es una de mis pelis preferidas por todo lo que rodea a la historia del edificio maldito”. En la pared opuesta, sorprende el Odorama que inventó John Waters para su película Polyester. “Cuando, a lo largo de la película, aparecía el número 1, por servirnos de un ejemplo, instante en que Divine se tiraba un pedo, rascabas el número 1 y olías un pedo. Lo adquirí por Internet y lo enmarqué. Para mí es una absoluta reliquia”.

En la planta de abajo, teñida de verde, Eduardo Casanova ha establecido su cobijo creativo. El director escribe acompañado de una filmoteca de más de 2.000 dvds, clasificados por pestañas de cartulina rosa con el nombre de cada director. Muy cerca, un estante dedicado a Pieles recoge los tótems con los que creó su película. “Un autógrafo de John Waters, otro de Darío Argento en Suspiria, un filme de Lamberto Bava firmado por él, la Biznaga que ganamos en el Festival de Málaga, una estatua de Samantha –personaje de Ana Polvorosa–, la claqueta con la secuencia 66 por el número del diablo, y el libro Face del fotógrafo Bruce Gilden, que me inspiró pare crear Pieles”. Todo inspiración.

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Pieles se estrena el 9 de junio.
Señor, dame paciencia se estrena el 16 de junio.