Los 4 biopics musicales más polémicos del siglo XXI

Encerrar una vida actual en una película es una tarea irrealizable. De ahí que los biopics tengan auge de ser las películas más mentirosas, puesto que se ven obligados a condensar, reestructurar y resumir para evitar que el notorio se aburra. Y si hablamos de biopics musicales, entonces llegamos al paroxismo, puesto que sus protagonistas son estrellas cuyas vidas han sido escudriñadas hasta el postrer detalle. Bohemian Rhapsody, con sus presuntas falsedades sobre la vida de Freddie Mercury, es el postrer caso célebre, pero antiguamente de ella otras películas sobre las vidas de músicos ilustres se han pasado en el punto de mira.

El primer trabajo como directora de Angela Bassett ponía a Yaya DaCosta (Dos buenos tipos) en el rol de Whitney Houston, diva soul de vida tan desgraciada como meteórica fue su voz.

¿Por qué fue polémico? Producida por el canal Lifetime, especializado en lo que en España llamamos “telefilmes de sobremesa”, Whitney no contó con la autorización de la tribu de la cantante. La cual reaccionó con un furibundo comunicado: “Si ves la película, hazlo sabiendo que Lifetime es famosa por hacer malos biopics de famosos muertos, y espérate lo peor” era una de las perlas incluidas en el texto.

Nina Simone (aquí, Zoe Saldana) pudo sobrevenir sido una reputada pianista clásica. Pero, por cosas del racismo y de su trastorno bipolar, acabó llegando al Olimpo del jazz… sin que por ello su vida dejase de estar marcada por la tragedia.

¿Por qué fue polémico? Si correctamente todos los biopics se toman libertades, lo de Nina fue para hacérselo mirar. Por una parte, nominar a la latina Zoe Saldana para interpretar a la afroamericana Simone levantó unas cuantas ampollas. Y, por otra, el retrato de la relación entre la comediante y su maltratador marido Clifon Henderson (David Oyelowo) sobrepasó los límites de lo torticero. Los herederos de Simone arremetieron contra la película y Saldana en Twitter, tachando a la primera de “dolorosa, repugnante, desoladora, nauseabunda y lamentable”. 

Dando una prueba más de su versatilidad, Steven Soderbergh dirige este biopic de Liberace (Michael Douglas), pianista easy listening que se convirtió en superestrella derrochando encanto y plumerío… mientras, al mismo tiempo, negaba airadamente su homosexualidad.

¿Por qué fue polémico? Los dimes y diretes sobre Behind the Candelabra no vinieron dados por su contenido, sino por los sinsabores que Soderbergh, Douglas y Matt Damon pasaron para sacarla delante. Según el director, ningún estudio de Hollywood quiso hacerse cargo del esquema al considerarlo “demasiado gay”, de modo que finalmente fue HBO la que se llevó el piano de metracrilato a la piscina con forma de riñón, con lo cual la distribución en cines del filme fue muy limitada.

Asaz olvidada ya, esta película cuenta la historia de Leonard Chess (Adrien Brody), el patrón sefardita que decidió que memorizar a músicos afroamericanos (sobre todo de blues, y de una cosa que empezaba a llamarse rock’n’roll) podía merecer la pena.

¿Por qué fue polémico? Afirmar que Cadillac Records juega con los hechos registrados es quedarse muy corto: si quieres asimilar sobre las vidas de Muddy Waters, Willie Dixon Chuck Berry, mejor fíjate en otra película. Pero su error más clamoroso es inventarse un romance entre Leonard Chess y la cantante Etta James (Beyoncé). La diva del blues se tomó sobrado mal esto postrer, llegando a clamar un “¡A esa tía le voy a patear el culo!” cuando ‘Bey’ cantó una de sus canciones en la toma de posesión de Barack Obama.