Los 8 mejores videoclips de baile (de los 2000)

Pocas cosas tan fascinantes en pantalla como un cuerpo en movimiento, especialmente si el que salta y da vueltas sobre sí mismo es el bailarín Sergei Polunin, una de las últimas estrellas de la danza que ha dado el bloque del este. De origen ucraniano, Polunin nació el año en que cayó la URSS y medró entre mallas de ballet, pliés y cabriolas, hasta que la magia desapareció y las fiestas y controversias se transformaron en el pan de día tras día. Todo esto está explicado en Dancer, el documental sobre el bailarín dirigido por Steven Cantor que llega a nuestras pantallas el próximo 19 de mayo.

A los poco diestros en el mundo de la danza, el nombre de Polunin quizá les suene más si decimos que en dos mil quince protagonizó el vídeo musical de la canción Take me to church, interpretada por Hozier y dirigido por el renombrado fotógrafo y director David LaChapelle, con quien había empezado a cooperar un año ya antes en proyectos artísticos. En pocos días, el vídeo de Take me to church amontonó millones y millones de reproducciones en YouTube y, como era de esperar, se volvió una sensación viral.

Polunin, quien tras el documental Dancer tiene un pequeño papel en la nueva Asesinato en el Orient Express que remata Kenneth Branagh, es el último de una lista de bailarines que han prestado su habilidad y técnica de baile al planeta del videoclip, un formato que por razones obvias es el ideal para zapatetas y ensayos con pases de baile. Y también uno de los formatos preferidos por cineastas como laboratorio de pruebas para grabar todo cuanto puede un cuerpo (bailando).

Christopher Walken, Fatboy Slim y Spike Jonze es igual a bomba de relojería. El director de Her ya había dado señales de lo mucho que le gusta el baile con el mítico clip de Praise You, también de Fatboy Slim; pero en Weapon of Choice se atreve con el término para llevarlo a otro nivel. Tanta fortuna tuvo que se autocopió para el anuncio de Kenzo aparecido en el mes de agosto de dos mil dieciseis. Por si hubiera alguna duda, los entusiastas ya se encargaron de efectuar el consecuente mash-up que analiza plano a plano las semejanzas y las diferencias.

Christian Larson es bailarín, coreógrafo, cineasta y el responsable del clip más apasionante de cuantos los islandeses Sigur Rós encargaron para su álbum Valtari. Un entorno pues-industrial acoge un boy meets girl, dos bailarines que se retuercen como retruécanos mientras se procuran, huyen y vuelven a encontrarse. “Había un contraste bien interesante con este escenario tan duro”, explicaba Larson en la revista Nowness. “Quería intentar que hubiera un diálogo entre el movimiento, sin que nadie afirmara nada”.

Líder de Radiohead, Thom Yorke se ha descubierto en los últimos tiempos como seguidor y practicante de las sacudidas de la danza contemporánea. Y con Garth Jennings tras las cámaras semeja que ha encontrado a su media naranja: tras el vaivén anatómico de Lotus Flower, en Ingenue, tema del proyecto de Yorke en solitario Atoms for Peace, el artista se mueve de lado a lado de un escenario mientras el montaje juega a confundir su figura con la de otra bailarina, partenaire y doppelganger coreográfico. Jennings, a propósito, tiene en su haber un currículum abultado en materia de clips como una parte de Hammer & Tongs (Coffee and TV, de Blur, o bien el asimismo bailongo Imitation of Life, de R.E.M.) y ahora se ha audaz con la animación de karaoke con Canta, uno de los exitazos de las navidades pasadas.

Sia y Daniel Askill forman uno de los mejores tándems actuales en materia de videoclips. Ella es una voz increíble que no se deja ver (marca de la casa) y ya había demostrado su interés en los cuerpos en convulsión en su cortometraje We Have Decided Not to Die (dos mil tres), con el que ganó el máximo premio en el Festival de Clermont-Ferrand, entre otros muchos. Solo faltaba, en consecuencia, un talento de la coreografía, en manos, en el caso de Chandelier, de Ryan Heffington. Por si acaso te mueres por aprender a copiar a mini-Sia, en YouTube, como es lógico, hay un tutorial (vía Nowness).

¿A quién no le gustaría poder disponer de un hangar entero para danzar una canción tecnopop de ‘amor’ como hace Robyn en Call your Girlfriend? La cantante sueca le puede dar las gracias a Max Vitali, responsable de muchos clips de Smashing Pumpkins, no sólo que le haya dado la oportunidad para bailar como nunca en un espacio entero para ella sola (con un dispositivo de luces ad hoc), sino asimismo la descarga de energía en plano secuencia.

Dos mineros en la obscuridad se extrañan de un ligero hilo de música que escuchan en las profundidad de la mina. Lo siguen y terminan descubriendo una trampilla por donde salen a una clase de baile, en la que se están practicando unas pruebas de concurso. ¿Se van a quedar en la esquina abrumados sólo mirando o bien se van a dejar llevar por la situación? Con esta premisa, los publicistas Rob Leggatt y Leigh Marlin firmaron de los mejores clips del arranque del milenio para uno de los grupos más enigmáticos que dio la cultura musical del sampler y la escena australiana. Con el clip de Because I’m Me, de su último disco Wildflower (2016), han repetido concepto y aunque no sorprende, es igual de enternecedor.

El tectonique duró apenas un par de meses como tendencia, pero por suerte la francesa Yelle y su sello musical tuvieron a bien contratar los servicios de Nima Nourizadeh, uno de los mejores realizadores de videoclips que dio la primera década de los dos mil, para el clip de A Cause Des Garçons. Para un estilo cuya marca era el movimiento eléctrico del cuerpo en la pista de baile, nada mejor que un plano fijo que lo registre. Nourizadeh comenzó en el largometraje con la incomparable película de fiestas Project X (dos mil trece) para pasar algo inadvertido con American Ultra, protagonizada por Jesse Einsenberg y Kristen Stewart, hace apenas un año y medio. Esperamos novedades.

Romain Gavras y Claire Denis se invocan en el excelente clip firmado por los hermanos Alric para Territory, el tema que firman como músicos bajo el nombre de The Blaze. Protagonizado por el joven y volcánico actor Dali Benssalah, el videoclip le sigue en su día a día en una suerte de coreografía que se deleita con los movimientos de su cuerpo; singularmente en el tramo que retrata una fiesta de chavales en una terraza en un ralentí ferveroso que pone los puntos sobre las íes en lo que a filmar el éxtasis del baile se refiere.