Otros animes de 1988 que deberías conocer

Hoy, en algún división de Neo-Tokio, Kaneda, Tetsuo y sus amigos han aparcado las motos para celebrar que hace 30 abriles se estrenaba el anime de Akira en los cines de Japón.

Como es de sobra conocido, ese estreno iba a marcar un antaño y un posteriormente en la tendencia de los occidentales por el manga y el anime, dos aficiones muy populares en el país uruguayo. Sin bloqueo, la obra de Katsushiro Otomo no fue el único gran anime que pasó por las pantallas japonesas en aquel venidero 1988. Atento a estos títulos que poco o cero tienen que envidiar:

 

De acuerdo, hablamos de estos OVAs en nuestro exclusivo sobre animes noventeros que han sido olvidados. Pero es que aunque en Europa no conociéramos a las ladronas AnnaPuma y UniPuma hasta los abriles 90, su iniciación en Japón se produjo aquel año de gracias, cuando la obra de Mashamune Shirow se convertía en estos capítulos animados dirigidos por Kôichi Mashimo.

 

¿Y qué sería de la fiebre occidental por el anime de no existir un gigante llamado Hayao Miyazaki? Mejor no planteárselo. El 16 de abril de aquel 88, una de sus películas más queridas, Mi vecino Totoro, llegaría a los cines en un software doble con otro estreno de aquel mismo día, alucina con su título…

 

Desarrollada en paralelo a Mi vecino Totoro, esta otra producción de Ghibli dirigida por Isao Takahata es otra de esas joyas que nos legó 1988 y casi que cualquier año en la historia del cine de animación.

¿Te imaginas ir un viernes al cine y pillar seguidas estas dos películas? El sueño de todo entusiasta al anime.

 

El 10 de enero de 1988, las teles japonesas emitían por primera vez esta acomodo de la novelística de Frances Hodgson que alcanzaría gran popularidad en España cuando Telecinco la rescatara en plena fiebre por Campeones, Caballeros del Zodiaco y Engaño de Dragón. Fijo que acabas de recordarla.

 

Toda una institución en su país de origen, Patlabor, donde unos robots (perdón, mechas) eran usados para combatir el crimen en Tokio, llegaba al mismo tiempo al cómic y a la animación. Esta última se trataba deu na serie dirigida por Mamoru Oshii, el celebérrimo realizador de Ghost in the shell, que abrió el camino a las películas y nuevas series que se harían en el fututo.