‘Pesadillas’: El terror también es cosa de niños

Existe la idea generalizada de que los adultos no pueden entender cómo piensan los niños y los jóvenes. Que cada cual tiene su propio jerga, forma de pensar y desempeñarse. Y esto no es del todo cierto. Es sólo que cada cual tiene sus propias preocupaciones, acordes a su momento. Por eso, incluso si hablamos de cine, es cierto que apelan cosas diferentes a niños, jóvenes y adultos, pero creer que esas diferencias son insalvables es más fruto del arbitrariedad que de una distancia esencial. Y si alguno supo verlo mejor que nadie, ese fue R. L. Stine.

Nacido en 1943 con el nombre de Robert Lawrence Stine en el estado de Ohio, una vez se graduó en 1965 se movió a la ciudad de Nueva York para cumplir su sueño: convertirse en escritor.

Como cabría esperar, la carrera del escritor estuvo relacionada desde sus inicios con la humanidades de niño. Durante los primeros abriles de su estancia en Nueva York, Stine escribió numerosos libros de humor para niños bajo el nombre de ‘Risueño Bob Stine’, poco que le abrió posteriormente las puertas para escribir la revista de humor tierno Bananas que, publicando 72 números entre 1975 y 1984, acabaría por escribir prácticamente en su totalidad él solo. Y lo prolífico de esa experiencia le sería de gran utilidad luego para achamparse su éxito.

Una vez casi enteramente concluido su romance con el humor, pero no con la adolescencia Stine probaría suerte en 1986 con la primera obra del naturaleza por el que lo conocemos hoy: el terror. De ese modo nacería Cita a ciegas, una novelística de éxito trascendental, a la cual le seguirían otras muchas.Tres abriles posteriormente, en 1989, será cuando comience la serie de libros Fear Street, más enfocados al sabido tierno, en paralelo a una trilogía de novelas de ciencia ficción humorística gamberra citación Space Cadets. 

De ese modo, no fue hasta 1992 que se atrevería con el sabido más difícil imaginable. Los padres de los niños que querían deletrear terror. Y de ese modo, bajo el gabán de Parachute Press, en 1992 comenzó a informar la serie que lo elevaría al más fulgurante de los estrellatos: Goosebumps, más conocida en España como “Pesadillas”.

Acumulando la friolera de más de 230 libros repartidos en dieciséis colecciones diferentes, más de 400 millones de ejemplares de la serie han sido vendidos hasta el momento, llegando a entregar en sus momentos de decano auge cuatro millones de ejemplares al mes. Poco que explica el interés que generó, a veinticinco abriles de la publicación del primer ejemplar de la serie, hacer una interpretación cinematográfica.

Y si proporcionadamente la de Pesadillas es la primera (y única) de sus obras que ha llegado hasta la pantalla prócer, eso no significa que a Stine el medio audiovisual le sea externo.

Para originarse, entre 1989 y 1995 fue el escritor principal de la poco terrorífica serie de niño Eureeka’s Castle. Poco que debió contribuir para que, dada la tremenda popularidad de sus novelas de terror, en 1995 adaptaran Pesadillas al formato serie. Claramente influida por Historias de la Cripta, duraría en audición tres abriles, dándonos un total de setenta y cuatro episodios, de donde cabría destacar clásicos como La máscara encantada, Click o Un día en Horrorlandia.

Venida a su fin Pesadillas, ya no volvería a ser rescatada para televisión, no así otras obras de Stine. De ese modo, se vería sucedida por The Nightmare Room, claramente inspirada por La dimensión desconocida y con una única temporada de trece episodios, y la más exitosa R. L. Stine’s The Haunting Hour: The Series, serie con un enfoque más imaginativo que duro cuatro abriles y setenta y seis episodios, con un enfoque mucho más imaginativo y amable. Poco que lo conduciría, poco posteriormente de su abrogación, a tener una continuación en forma de película directa a vídeo citación The Haunting Hour Volume One: Don’t Think About It.

Pero Pesadillas nunca muere. No del todo. Incluso si la televisión se olvida de ella. Y en 2015, se estrenó su película, esta sí, en pantalla prócer y con toda la fanfarria que merece.

Para ser justos, la película de Pesadillas ha pasado por una tremenda odisea de cambios ayer de alcanzar materializarse. Para originarse, porque el primer intento fue ya en 1998, cuando Tim Burton, bajo el amparo de Fox, mostró un gran interés en producirla. Pero sin poder osar qué ejemplar en particular adoptar o cómo hacer para no tener que nominar uno en particular, la producción acabó paralizándose, llevándola a su posterior abrogación. Quedando diez abriles en el limo pespunte que, en 2008, adquirió sus derechos Columbia Pictures.

Tomándoselo con paciencia, pero con habitante, decidieron hacer un movimiento inductivo: contrataron a Neal Moritz y Deborah Forte, quienes ya trabajaron en la exitosa serie de televisión. Estos a su vez contrataron a los guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski, quienes supieron como sortear el problema que evito que los intereses de Burton llegaran a buen puerto: cubo que los libros eran muy breves para ser adaptados tal cual, harían un guion que fuera una falsa carrera de R. L. Stine donde sus monstruos cobraran vida por alguna clase de incidente. Idea que, con matices, acabaría dando forma a película que pudimos ver en cines, finalmente, en 2015.

Dirigida por Rob Letterman, cuyo próximo trabajo es la muy esperada Pokémon: Detective Pikachu, la película nos hace seguir las aventuras de un muchacho llamado Zach Cooper que se hace amigo de su vecina, Hannah, hija de un escritor recluido que querrá evitar que los jóvenes tengan contacto. Pero el impetuoso impulso adolescente les hará saltarse a la torera tal prohibición, sólo para descubrir el horrible secreto que intentaba ocultar: el patronímico de Hannah es “Stine”, las siglas del padre “R. L.” y, por un incidente que tendrán que arreglar todos juntos, las criaturas que ha inventado a lo desprendido de los abriles han escapado de los libros sembrando el terror en el pueblo.

De estilo amable, enfocando todo el peso en un terror frecuente, más tenso que efectivamente terrorífico, y un claro tono de aventuras, que nos puede recapacitar a películas como Una pandilla increíble o una interpretación tierno de La cabaña en el bosque, la película cumplimiento la esencia de los libros, sin replicar su tono. Es opinar, rebajan tenuemente el terror, pero siguen poniendo todo el peso en los conflictos de los jóvenes, no haciendo de menos a sus preocupaciones.

Eso hizo que la película no sólo fuera un éxito de taquilla, sino que todavía fuera muy proporcionadamente recibida por una crítica, encantada de poder ver un producto tierno que no trataba a sus espectadores de idiotas. Poco que ha llevado a producir su secuela Pesadillas 2: La indeterminación de Halloween, donde el único personaje que se repite es el de Jack Black. Es opinar, el propio R. L. Stine de ficción.

Al final Pesadillas nos demuestra que escribir para niños es como escribir para adultos. Hay que intentar apelar a sus problemas particulares, diferentes a los de los adultos, y hay que intentar modular el tono, porque la familia y el terror más descarnado casan mal con los niños, pero no tratarlos de tontos. Sólo ofrecerles lo mismo que exigiríamos en cualquier producción para adultos. Una historia que sea, al menos, interesante de seguir.

Y si poco ha tenido siempre Pesadillas, ya sea en cine, humanidades o televisión, son historias interesantes que contar.