¿Pitufaron los pitufos el género de zombies?

Unos son diminutos, adorables y muy, muy azules. Los otros son terroríficos, repugnantes y, encima de meter las narices sombrío, lo ponen todo perdido con sus icores putrefactos. Sin confiscación, los pitufos (que celebran su 70 aniversario en 2018) y los zombies podrían tener mucho en global. De hecho, los unos podrían deber sido los precursores de los otros, o al menos de la lectura moderna que ahora conocemos en el cine. ¿Te resulta difícil de creer? Pues sigue leyendo.

Para que todo quede claro, debemos rememorar los orígenes de estas criaturas de lema. Para entablar, los muertos vivientes proceden del vudú haitiano, donde son cadáveres reanimados y esclavizados por la movimiento de un bokor o hechicero tenebroso: esta es la lectura que pasó al cine más tempranamente, gracias a películas como la perspicaz Yo anduve con un zombie (1943) de Jacques Tourneur. En cuanto a los pitufos, fueron creados por el dibujante belga Peyo en 1958 como secundarios de Johan y Pirluit, un cómic de aventuras medievales que acabó eclipsado por su éxito. Es en 1959, un año posteriormente de su presentación, cuando los graciosos pitufitos se convierten en heraldos del desastre zombie…

Nos estamos refiriendo a Los pitufos negros, un elepé que creó pesadillas en más de un chiquillo impresionable. ¿Por qué? Pues porque retrataba poco que entonces parecía novedoso, pero que ahora identificamos como una plaga no-muerta de manual. Tras contactar con un maléfico insecto (la mosca Bzzz, carencia menos), el Pitufo Perezoso se contagia de una extraña y grotesca enfermedad. Su piel pasa del color del Paraíso al color de la pez, y su vocabulario pitufo (ese que consiste en reemplazar los verbos por “pitufar” y los sustantivos por “pitufo”) se ve reemplazado por una única palabra: “¡Ñac!”. Ese es el ruido que hace cada vez que muerde en la colita a sus vecinos de la pueblo, los cuales, tras percibir la dentellada, se convierten en nuevos pitufos negros que expanden la flujo hasta que las viñetas quedan del color de una mina de carbón con la luz apagada…

La resolución de Los pitufos negros es más eufórico que la de una película de zombies al uso: tras sufrir vicisitudes no muy distintas de las Brad Pitt en Pleito Mundial Z, Papá Pitufo (quién si no) descubre una medicina basada en polen de ninfea que consigue curar a los afectados. Pero esto es secundario. Lo importante es que a este cómic se le han buscado lecturas de todo tipo (desde un mensaje racista a uno colonialista o incluso homófobo, por lo de la colita) hasta que algún reparó en un pequeño detalle: Los pitufos negros llegó a los quioscos en 1959… mientras que La oscuridad de los muertos vivientes, el filme con el que George A. Romero sentó las bases del categoría de zombies, se estrenó nueve primaveras posteriormente, en 1968.

¿Hay un vínculo dialéctico entre estos dos datos? ¿Tuvo el profesor Romero, azar, contacto con un ejemplar de Los pitufos negros durante la división de 1960? Pensar que sí sería tirar mucho del hilo, puesto que los pitufos no se hicieron famosos en EE UU hasta la aparición de la serie animada de Hanna-Barbera en 1981. Así pues, el enigma queda ahí, y es inquietante de arrojo. Pero una cosa sí que tenemos clara: a Peyo, que detestaba a esos duendecillos azules que se pasó la vida dibujando a cambio de vil metal, esta paradoja le hubiera resultado divertidísima.