Por qué Trainspotting 2 nunca será una película generacional

Hace veinte años vimos a Mark Renton escapar con dieciseis libras tras haber traicionado a sus amigos. Le vimos caminando por un puente con la sonrisa de haber decidido no mirar atrás. Era un mal tipo al que admirábamos por tener el valor de hacer daño sus amigos de siempre sólo por puro egoísmo. Un mensaje chungo, sí. Mas por primera vez Renton escogía la vida y escoger la vida significaba ser hipócrita, ambicioso, consumista, individualista… La alternativa, ya sabéis, era la heroína.

Así acababa una película que había funcionado como empaste generacional para la Generación Y y los primeros millennials.

Danny Boyle dio en el clavo, firmó una obra escatológica, dura, salvaje, en la que además de esto te reías bien a gusto con su macabro sentido del humor. ¿Una apología de las drogas? Como apuntaba Rubén Romero Beatos en su artículo ‘Transpotting’: Juventud y retretes, a Boyle no le quedó más antídoto que decir la verdad: “La heroína se consume pues te hace sentir maravillosamente bien”.

Pero lo más importante de Trainspotting es que retrató como ningún filme de la década el cambio generacional. La música estaba cambiando, las drogas estaban mudando  y asimismo el fútbol, el sexo, el cine, la política…

Renton fue muy reservado en sus predicciones por el hecho de que veinte años después, en Trainspotting dos, mismos ya se habían convertido en auténticos gilipollas. Y nadie desea que identifiquen a su generación con gilipollas. Con T2 Danny Boyle ha fracasado rotundamente.

UN CHUTE DE NOSTALGIA Y UN MAL VIAJE

Vale que seamos una generación enganchada a la nostalgia. Que prosigamos dando vida a productos de nuestra adolescencia por medio de perturbaciones que a veces funcionan maravillosamente, como Stranger Things.  Larga vida a los reebots o a los remakes o bien a las segundas partes si son como Jurassic World o bien Cazafantasmas, tan amenas y siendo conscientes de sí que adquieren cualidades que superan a sus predecesoras y las colocan como relevos generacionales.

Somos pequeños mimados por la publicidad y la mayoría de los productos audiovisuales se dirigen a nosotros. Somos los que consumimos y por lo tanto el objetivo de la industria. Somos los reyes de la casa. Pero todo tiene un límite y Danny Boyle ha pasado la línea.

Trainspotting 2 es un chute de nostalgia mas que acaba en un mal viaje. Cada escena de la película contiene un referente de la anterior. “Eres un turista en tu juventud” le afirma Sick Boy a Renton en un momento del filme. Un reproche que la película convierte en su razón de ser, solo que Boyle no actúa como turista sino más bien como un sobón. Todas y cada una, todas, las escenas esenciales de la primera Trainspotting son manoseadas sin pudor para contar una historia que no tiene sentido. Vale, alguna escena brillante sí hay, pero en general la sensación es de estar viendo a zombies atrapados por su pasado.

¿NADIE HA APRENDIDO NADA?

T2 tiene instantes de brillante lucidez. Esa escena en la que Renton y Sick Boy deciden robar las tarjetas de varios protestantes jugándose la cara, corriendo, mangando, engañando un tanto como en los viejos tiempos pero bañados con madurez y la gracia de 2 tipos consagrados como genuinos perdedores. O bien la escapada cara delante de Renton cuando le persigue Frank como un recordatorio de que hay acciones cuyas consecuencias pueden tardar demasiado en llegar… Pero llegan.

Sin embargo, da la sensación de que Danny Boyle ha vagueado. Tenía personajes que ya estaban construidos y solo debía darles un epílogo a la altura, devolverles a la vida, colocarles en otro tiempo y edificar una historia alrededor. Pero lo que ha hecho es difuminarlos, los ha convertido en tipos aburridos y repetitivos. Unos pesados de cuidado que prosiguen dando vueltas en círculo y que no han aprendido nada de su pasado cuando la generación a la que representan se caracteriza por buscar en el pasado las pistas que les permitan continuar cara delante.

ELIGE UN ESLOGAN MEJOR

“Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, escoge una familia, escoge un televisor grande que te cagas…” Este eslogan nos marcó por siempre. De repente elegir la vida era lo incorrecto y tenía todo el sentido. El inconveniente consistía en que la alternativa te mataba. Era una frase potente que desafiaba a toda una sociedad, daba gusto abanderarla. veinte años después sigue funcionando aunque la heroína no sea la droga.

T2 llega a nuestra vida con la pretensión de renovar ese eslogan “Elige la vida. Escoge Facebook, Twitter, Instagram y espera que a alguien, en algún lugar, le importe”. Renton se pone gallito cuando lo pronuncia mas desgraciadamente roza el absurdo, suena a viejo cascarrabias. Resulta que el comportamiento de las personas, su elección de vida, la cultura, el éxito o bien el descalabro se reduce a las redes sociales y él, Renton, los reta desde un restaurante de Edimburgo. Pues realmente bien.

El espíritu del instante es otro. Elegir la vida es tener mil horas de trabajo para ganar una mierda, ocupar las universidades de ilusos que después deberán enfrentarse con un frustrante futuro muy lejos de sus expectativas, hincharse a drogas los fines de semana para escapar de las tensiones acumuladas, vaciar el celebro con reality espectáculos de comida, el reaggeton y por supuesto…  La nostalgia. ¿De qué forma va a ser rompedor un discurso si obvia lo más esencial y de  hecho lo explota sin vergüenza?

Pensad en cómo termina Renton su monólogo: “[…] respira hondo. Eres un adicto, así que vuélvete adicto. Sólo que vuélvete adicto de otras cosas. Elige a aquellos que amas. Elige tu futuro. Elige la vida”. Ciertamente. No está diciendo nada.

LA BSO POR ENCIMA DE TODO

El gran acierto de Danny Boyle es la banda sonora de la película. Perfectamente equilibrada entre toques nostálgicos, porque pese a todo no hay que olvidar de donde venimos, piezas actuales y maravillosas como Silk de Wolf Alice, la increíble Shotgun Mouthwash que sirve para unir en un solo corte de cuatro minutos los veinte años que apartan una película de la otra, y seguimos con la inclusión de Young Fathers, la banda que más suena a Edimburgo y que más aparece en una banda sonora prácticamente perfecta a la altura (y en la línea) de la anterior. Sólo le falta un par de canciones de los Sleaford Mods para alcanzar lo excelente.

Pero nunca esta banda sonora alcanzará la relevancia o el mito de la precedente pues la película está fuera de las aspiraciones tanto de la generación que representa como de las que vienen. ¿Quizá dentro de veinte años?