‘Rosalie Blum’ y compañía: 10 adaptaciones de cómics sin nada que ver con los superhéroes

Vincent no sabe quién es esa mujer. No tiene ni idea de por qué su cara le suena. Por ello (y porque su vida rutinaria le mata de asco) decide proseguirla y aprenderlo todo sobre su vida. Su nombre es Rosalie Blum, y, si bien parezca mentira, su historia no es un thriller: es una comedia. 

En Rosalie Blum, el directivo Julien Rappeneau adapta el tebeo de Camille Jourdy, una de los comics franceses más ovacionados de este siglo. Y, ahora que Rosalie Blum llega a nuestras pantallas, es el momento ideal para rememorar que no todos los filmes basados en viñetas cuentan con poderes extrasensoriales o bien aventureros disfrazados. Pruébalos, y no te arrepentirás: total, para volver a las cosas de Marvel y de DC siempre tendrás tiempo…

El cómic: Tan misántropo como siempre y en todo momento, Daniel Clowes traza un destructor retrato del fin de la adolescencia en una ciudad de provincias.

La película: El guión de Ghost World, escrito por el propio Clowes, apenas sigue el de la obra original, pero transmite a la perfección su espíritu desolador. La película, además de esto, guarda una deliciosa paradoja: Thora Birch, en pleno subidón post-American Beauty, es la estrella, al paso que Scarlett Johansson se queda con un papel secundario (si bien importante).

El cómic: Con mucha mala uva, y un estilo gráfico inconfundible, Marjane Satrapi nos explica que medrar en Irán a lo largo de la revolución jomeinista no era ninguna bicoca. Y, si eras una chica, todavía menos.

La película: Con un espléndido reparto de voces en francés (Catherine Deneuve, ahí es nada, le presta sus cuerdas vocales al personaje de su abuela), la película de Satrapi ganó dos César, un premio en Cannes y fue nominada al Oscar. La polémica que ocasionó en el planeta musulmán fue esperable, y, en ciertos casos, virulenta.

El cómic: El guionista Harvey Pekar no tenía ni la más mínima idea de dibujar, pero eso no le impidió publicar su cómic autobiográfico durante treinta y dos años (1976-dos mil ocho). Su secreto: unas historias que eran puro vitriolo, y una nómina de dibujantes convidados que da vértigo. Alison Bechdel, Robert Crumb, Richard Corben, Joe Sacco y el mismísimo Alan Moore le prestaron sus lápices.

La película: Resumir un trabajo así de inabarcable era bastante difícil, mas la presencia de Paul Giammati como Pekar ayudó a llevar sus historias a la pantalla. De hecho, American Splendor (la película) no es tanto una adaptación del tebeo como una historia de cómo ese tebeo se hizo realidad.

El cómic: Robert Crumb detesta al mundo entero, normalmente, y a los hippies, particularmente. De forma que, con su personaje de Fritz el Gato, cometió una salvaje sátira de la contracultura de los 60… utilizando animales antropomorfos al estilo Disney.

La película: Nadie quería generarla, y absolutamente nadie quería distribuirla. Mas, a pesar de todo, Ralph Bakshi logró sacar adelante esta adaptación del tebeo de Crumb… que el dibujante encontró, para cambiar, aborrecible. A pesar de todo, El Gato Fritz se transformó en la primera película de animación clasificada X. Y, debido a la polémica resultante, en un éxito de taquilla.

El cómic: Apasionado, mentalizado y algo culebrónico en su desarrollo, el tebeo El azul es un color caluroso de Julie Maroh ha quedado como la primera gran obra del cómic lésbico en el siglo veintiuno.

La película: Su fidelidad al original es controvertible (por no decir nula), la autora del cómic reniega de ella (“Faltaban lesbianas en el plató”) y tanto Léa Seydoux como Adéle Exarchopoulos juran que nunca volverán a trabajar con su director. Sin embargo, gracias a La vida de Adéle, podemos decir que una película LGBT basada en un cómic ganó la Palma de Oro.

El cómic: La obra más famosa de Brian Lee O’Malley podría ser un cómic más sobre la vida de veinteañeros hipsters… si no fuera por los duelos a sablazos y las dimensiones paralelas. A fin de que luego afirmen que leer manga es malo.

La película: La obra más audaz (y la más incomprendida) de Edgar Wright no solo puso en movimiento el loco mundo del tebeo original, con una banda sonora gloriosa y divertidísimos guiños al planeta de los juegos. Asimismo logró hacernos creer, por un momento, que Michael Cera puede ser un héroe.

El cómic: Si piensas que en el cómic japonés solo hay gokus y narutos, no has abarcado ni una milésima de su universo. Sin ir más allá, esta obra de Garon Tsuchiya Nobuaki Minegishi es un buen exponente del seinen, el género orientado al público adulto en el que hay espacio para dramas intimistas… y para enormes salvajadas.

La película: Llevando Oldboy al cine, Park Chan-wook se saltó a la torera prácticamente todo el argumento del manga, salvo su premisa inicial. Pero qué importa eso si tenemos la pelea en el pasillo, y Choi Min-sik comiéndose un pulpo vivo, y los giros de guión, y…

El cómic: En 1982, la Guerra Fría estaba más caliente que nunca en un buen tiempo. El dibujante Raymond Briggs expresó su opinión sobre tal statu quo encarando a una enternecedora pareja de jubilados con las consecuencias de un bombardeo nuclear.

La película: Si, ya de por sí, el tebeo original es una lectura capaz de arruinarle el día a cualquiera, la versión fílmica de Cuando el viento sopla resulta una experiencia descorazonadora. Roger Waters (ex- miembro de Pink Floyd) firmó la BSO, en la que asimismo se oyen canciones de David Bowie. 

El cómic: Avisamos de que el título de esta obra es irónico. En la vida del compositor Serge Gainsbourg (el papá de Charlotte) hubo sitio para mucha música, mucho alcohol y mucho sexo. Mas, lo que es heroísmo, más bien poco. Johann Sfar, uno de los autores más originales del cómic francés, explica por qué razón.

La película: Además de como un director con mucha vista, Sfar se probó en este filme como un estupendo director de casting. Por el hecho de que, aunque es un tanto menos feo que el propio Gainsbourg, el actor Eric Elmosnino se parece tanto a él que da hasta temor. Por suerte, asimismo tenemos en el reparto a Laetitia Casta Lucy Gordon, para mitigar el susto.

El cómic: La obra de Paco Roca sobre los residentes de un asilo de ancianos se hinchó a galardones en España, entre ellos el Premio Nacional de Cómic en dos mil ocho. Algo irónico, si pensamos que el autor la publico en una editorial francesa.

La película: No solo una prueba de que las adaptaciones de cómics españoles no se terminan en Zipi y Zape y el Club de la canica (o bien, si nos ponemos truculentos, en Capitán Trueno y el Beato Grial), sino también una buena prueba de los poderes de nuestra animación. Fue preseleccionada para los Oscar, y nominada a 2 Goya.