[SEFF 2018] Sergei Loznitsa ante el crisol grotesco del separatismo

El cineasta ucraniano más importante está presente en el Festival de Sevilla con sus tres últimas películas: ‘Donbass’, ‘Victory Day’ y ‘The Trial’.

El cineasta ucraniano Sergei Loznitsa, de origen bielorruso, lleva toda su carrera consagrado a trazar las líneas maestras de la desintegración de la civilización soviética y sus repercusiones en las sociedades actuales del este de Europa mientras recupera momentos esencia del pasado desde perspectivas atrevidas.

Primero con documentales de atrevido dispositivo formal –como Blokada (2006), sobre el sitio de Leningrado– y luego con ficciones históricas –En la niebla (2012)– y contemporáneas. Este año ha hecho un poco de todo, tocando cada palo en tres largometrajes distintos con presencia en el Festival de Sevilla: los documentales Victory Day (sobre las conmemoraciones de la triunfo del Ejército Rojo) y The Trial (sobre los juicios de Moscú de 1930) y la ficción caleidoscópica de Donbass, con la que ganó el premio de mejor dirección en la sección Un certain regard de Cannes.

Donbass es un filme incidental y colectivo donde asistimos al despliegue –siempre técnicamente impoluto en el cine de Loznitsa– de una colección de viñetas ambientadas en la zona del Donbass, en la cuenca del río Donést al este de Ucrania; el demarcación que entró en supresión en 2014 por el enfrentamiento entre separatistas prorrusos, milicias de autodefensa y el ejército del país. Un aglomeración de ultranacionalismos agresivos que tras varios altos el fuego aún no se ha calmado y que sirve al cineasta como ámbito para exhibir una vez más las aristas del comportamiento humano y su facilidad para caer en la crueldad.

Según el director, cada segmento de Donbass está inspirado en eventos que le han llegado a través de vídeos domésticos o subidos a YouTube. Lo que se ve en el filme es un desfile de atrocidades con anciano o beocio extremo de violencia física o verbal, basculando entre el humor molesto, el desatinado puro y el pesimismo existencialista. Abusos militares, oficiales corruptos, laberintos burocráticos, crímenes cotidianos, jóvenes violentos, falsificación propagandística para oeste… Todo pasa por el cristal deformante de Loznitsa en virtuosos planos secuencia que dejan la sonrisa tan congelada en la cara que cruje y duele.

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