[SITGES 2018] Halloween, un rutinario regreso a Haddonfield

En 2008, David Gordon Green anunció públicamente su intención de hacer un remake Suspiria de Dario Argento. Cinco abriles a posteriori, anunció la abolición del tesina, pero eso no impidió que esa reimaginación del clásico italiano viese la luz. Lo ha hecho este mismo año, dirigido por Luca Guadagnino (Call Me By Your Name) y fue el film de inauguración del Festival de Sitges, que ya cierra sus puertas. La casualidad ha querido que en la misma estampación del certamen catalán se haya producido además el estreno en España de Halloween, film con el que Gordon Green -bajo la producción de Blumhouse- nos devuelve a las calles de Haddonfield en una continuación del clásico de John Carpenter estrenado en 1978.

Delante la perspectiva de recuperar al icónico Michael Myers había varias opciones, pero por la que ha optado Green es la más cómoda y poco arriesgada: una secuela que omite a todas las que ha habido previamente, ambientada 40 abriles más tarde, con Laurie Strode convertida en abuela paranoica por el trauma que sufrió en el pasado y toda una clan hogareño que se convertirá en el objetivo final del enemigo oculto. Por desgracia, esta ‘nueva’ Halloween navega entre la reverencia y la simple rutina, sin añadir nulo al imaginario de la franquicia ni cascar nuevos caminos.

Su problema no viene tanto de la realización, eficaz por parte de Green y con algunos momentos verdaderamente atmosféricos, sino de su insignia. Se intenta dar un trasfondo a los personajes que todos conocemos pero no se logra más allá de seguir ampliando los arquetipos del artículos, no hay nadie con verdadera tridimensionalidad y aunque en un slasher no es el punto más importante, cuando un film como el presente intenta tener cierto empaque y aportar poco a la psique de sus personajes, debería trabajarse con bases más sólidas. Sólo hay pequeñas pinceladas que lleven al que parecía ser el objetivo de Green y son tan intermitentes que no acaban de ser suficiente.

Cuando la película se eleva es cuando Myers avanza cerca de sus objetivos con la superlativa música de Carpenter de fondo. Ahí sabes que nulo puede pifiar y efectivamente no lo hace. Cuando el corazón de la película está en el puesto adecuado y trabaja con su icono, ampliando su lema, añadiendo capas al historial sanguinoliento del hombre del saco. Aquello que tan acertadamente hizo Rob Zombie con sus dos películas de la franquicia, probablemente dos de las revisitaciones más infravaloradas y notables de los iconos del cine de terror en la presente. Incluso que en secuelas oficiales como Halloween II o sobre todo, Halloween IV: El regreso de Michael Myers, donde el cesión y la comunidad cobraban un protagonismo rotundo.

En sumario, Halloween es simplemente correcta y cumple con los mínimos, tiene momentos pensados para el fandom y como slasher da el pego cuando se permite atenerse a ser un adiestramiento de artículos. Pero la duda que asalta es qué obligación había de retornar a espaldas para hacer poco tan poco interesante. Un film que a buen seguro ayudará a engrosar las cuentas corrientes de sus responsables pero que en términos cinematográficos no perdurará más allá del fin de semana de su estreno. Una conmiseración, porque si hubiera intentado ir en cualquier otra dirección (o ser más bestia o más íntima) habría transmitido de qué platicar. Pero, lo dicho: se ve -y se olvida- sin demasiado esfuerzo.