[SITGES 2018] Overlord, Wolfenstein reimaginado por Bad Robot

Aunque su origen data de 1981, la franquicia de videojuegos Wolfenstein paso al panteón de los clásicos del ocio electrónico con el superlativo Wolfenstein 3D (1992), un shooter en primera persona diseñado por id Software y que consiguió convertir ese apartado en una de las grandes revelaciones del momento. Pero no sólo era un charnela de disparos ágil, frenético y magníficamente diseñado, sino que consiguió establecerse como una obra relevante por su premisa: controlando a un soldado hispanoamericano, debíamos infiltrarnos en un castillo en el que los nazis campañan a sus anchas y darles final. Una idea tan alocada como magnética que ha regalado pie a numerosas ficciones en cine, letras, cómics y los propios videojuegos.

Con Overlord, el director australiano Julius Avery nos propone poco similar: llevarnos a la II Exterminio Mundial, horas antiguamente el día D. Un escuadrón norteamericano deberá introducirse en una cojín de operaciones de los nazis y echarla debajo con explosivos para que los soldados que vendrán a posteriori tengan las cosas más fáciles. El film ha estado abriles en exposición con J.J. Abrams como productor a través de Bad Autómata y fue generando gran interés cuando meses antiguamente de su estreno se dijo que pertenecería al siempre interesante universo Cloverfield. Finalmente no sólo no ha sido así sino que tiene suficiente entidad por sí sola como para no carecer acatar de ello. A diferencia de la, por cierto, regular The Cloverfield Paradox, una de las grandes decepciones de los últimos abriles.

Pero volvamos a lo importante. A cómo Avery convierte esta historia en un enérgico festival de vísceras, momentos de impacto y un tercer acto de una brutalidad poco habitual en los blockbusters de Hollywood. La idea es muy clara: usa como cojín un material de serie B pero lo lleva a la pantalla con una cuenta perfecta, resultado de un presupuesto muy rico. Ya su secuencia auténtico es un serio regalo para los sentidos: el pelotón de soldados charla de forma distendida hasta que su avión recibe un impacto y se desata el caos: fuego, explosiones, crimen y cuerpos desmembrados llenan la pantalla durante 10 minutos de éxtasis cinematográfico, una celebración de la casquería dignificada por unos títulos de producción obscenamente altos.

Y lo que sigue no es menos, con una fotografía atmosférica y milimétricamente calculada, en sintonía con films como Godzilla de Gareth Edwards o Kong: La isla calavera de Jordan Vogt-Roberts, una asueto del conflicto agresivo sequía y cortante cuando debe, y todo medido con un ritmo que se mueve entre lo reposado y lo frenético. Es un film magníficamente facturado, de los de desconectar el cerebro durante dos horas y simplemente dejarse resistir, disfrutar la experiencia, que bebe no sólo de Wolfenstein sino de trabajos como Malditos bastardos de Quentin Tarantino o Doce del patíbulo.

Overlord no pasará a la historia como una de las grandes películas del año ni lo pretende, pero como cinta que sólo pretende hacernos disfrutar con su alocada premisa, magnífica ejecución y un par de secuencias de energía memorables e imaginativas, se le pueden poner pocas pegas. Cine de esparcimiento correctamente hecho y que por primera vez en tiempo nace de un material innovador: ni precuela, ni secuela ni reboot ni aclimatación de cómic o videojuego. Aunque nos encantaría asimilar qué pensarían los diseñadores de Wolfenstein si es que llegan a verla…