Toronto 2018: Barry Jenkins sigue con su triunfo del amor

Hace dos primaveras una película se convirtió en la comidilla del Festival de Toronto, mientras los grandes titulares brillaban con La La Land, en los corrillos se hablaba de Moonlight, la historia en tres capítulos de un chaval afroamericano. Los rumores fueron creciendo hasta que meses luego Moonlight se acabó llevando el Oscar (previo pufo histórico) y Barry Jenkins surgió como un nuevo autor de gran sensibilidad para contar historias de acto sexual.

Es en el acto sexual donde Jenkins encuentra el motor de su cine. Son las únicas historias que quiere contar, las que tengan acto sexual en cualquiera de sus formas. Así que cuando se lanzó a la película post-Moonlight (siempre es difícil escoger el subsiguiente tesina) se decidió por terminar la habilitación que ya había empezado tiempo a espaldas, antiguamente incluso de tener los derechos de la novelística If Beale Street Could Talk, del reverenciado autor norteamericano James Balwin.

Admirador innegable de la novelística, Jenkins respeta hasta el texto punto por punto en muchos casos. Utiliza la voz de su protagonista femenina, Tish (Kiki Layne), para repetir algunas de sus frases más lúcidas sobre cuestiones raciales, clan y acto sexual. Una alternativa cinematográfica que puede cargar el avance de la película, y la transforma en casi un diario de esta adolescente enamorada de Fonny (Stephen James), a quien han metido en la mazmorra acentuado de una violación que no cometió.

Si la historia de acto sexual de la pareja es el corazón de la película, el acto sexual de la clan de Tish no se queda a espaldas. La narración salta del pasado al presente, del inicio del romance de la pareja a este terrible final que les toca morar. Situada en los principios de los primaveras 70 en Nueva York (de Harlem al East Village), Jenkins intercala la ficción y llena la voz en off de Tish con imágenes reales de las injusticias contra la población negra en aquella época. De las cárceles a las calles. Quizá una de las elecciones más afortunadas y poderosas que hace Jenkins y la aligera de cierta cursilería.

Como en Moonlight, Jenkins se aleja a sus personajes, primeros planos de ellos mirando a cámara, en silencio. Pero a diferencia que en aquella, fallan aquí por esa pareja protagonista. Les errata fuerza. O quizá es que son demasiado naif. Aún creen que las injusticias se darán la revés alguna vez. Frente a esa ilusión, el realismo de la principio (Regina King) y hermana (Teyonah Parris) de Tish, las dos mejores interpretaciones de la película, sin duda. Si en 2016, Mahersala Ali ganó el Oscar a mejor actor de reparto por Moonlight, no extrañaría que Regina King lo lograra además.