“¿Y si el alien se zampase a Ripley?”: 7 finales que hubieran arruinado películas clásicas

¿Lo original es siempre y en todo momento lo mejor? Puesto que conforme se mire. Y, en lo que toca a los tradicionales del cine, más todavía. Sin ir más lejos, estas 7 peliculas tradicionales podrían haber llegado a las pantallas con conclusiones que habían sido planeados por sus directores… pero que hubiesen echado por tierra sus mitos. Echémosles un vistazo.

El final que vimos: Tras la matanza de los tripulantes de la astronave Nostromo, Ripley (Sigourney Weaver) acaba con el bicho xenomorfo mediante un acertado arponazo. Tras coronarse como la heroína más badass de la ciencia-ficción, graba un mensaje y se va a dormir una siesta criogénica.

El final que pudimos haber visto: Aunque esto ya se sabía desde hace múltiples décadas, la mención por parte de Ridley Scott en una entrevista ha vuelto a ponerla de actualidad. “Pensé que el alien debería aparecer en la cápsula. Entonces, Ripley le tira el arpón, mas eso no le hace nada. Así que rompe su casco espacial y le arranca la cabeza”. ¿Era eso todo? ¡No! La última maniobra del xenomorfo habría sido grabar el mensaje de auxilio, imitando la voz de Dallas (Tom Skerritt).

¿Por qué no hubiera molado? Lo que es a nosotros, la idea de un crustáceo espacial al que, de repente, le da por imitar voces humanas nos suena más propia de Spaceballs. La ida historia de las galaxias que del mejor filme de horror cósmico de todos los tiempos. Además de esto, ¿convertir a un icono como Ripley en una víctima más? ¡Ni por asomo!

El final que vimos: Tras cruzar la jungla del Mekong, y perder la chaveta en el proceso, el capitán Willard (Martin Sheen) cumple su misión, liquidando al demente coronel Kurtz (Marlon Brando). Tras recibir el homenaje de los nativos, el asesino emprende el viaje de regreso, mientras que la voz de su víctima musita aquello tan bonito de “¡El horror! ¡El horror!”. 

El final que pudimos haber visto: En la versión definitiva, Francis Ford Coppola optó por un conclusión afín al de El corazón de las tinieblas, la novela de Joseph Conrad que inspiró la historia. Mas, en el guion original del muy machote John Millius, la conclusión era muy diferente: Willard terminaba uniéndose al coronel Kurtz, y combatiendo junto a él en una batalla final.

¿Por qué razón no hubiera molado? El final previsto por Millius para el filme hubiese tenido su gracia si Apocalypse Now se hubiese ajustado al plan original: una película de serie B dirigida por un tal George Lucas. Mas, para el sublime esparza vietnamita que terminó llegando a los cines, la despedida de Willard semeja la única conclusión posible.

El final que vimos: Aun y pese a su callo existencial, Sarah Connor (Linda Hamilton) no puede eludir conmoverse frente al sacrificio del T-800 (Arnold Schwarzenegger). Si una máquina asesina puede aprender a amar, nos cuenta su voz en off, quizás aún haya esperanza para el mundo.

El final que pudimos haber visto: James Cameron llegó a rodar esta conclusión alternativa, en la que una Sarah ya ancianita ve jugar a su hijo John Connor, su nuera y sus nietecitas en un parque futurista.

¿Por qué razón no hubiera molado? Para una saga tan lóbrega y gótica como Terminator, este final hubiese producido el mismo efecto que un lazo rosa adornando una prensa hidráulica: un detalle cursi que hubiera arruinado el tono de inseguridad y miedo al futuro. Ahora bien, la conclusión de Cameron nos habría librado de sufrir Terminator Salvation Terminator: Génesis, así que… ¿alguien tiene a mano una máquina del tiempo?

El final que vimos: Después de haberle contado a su nieta y al buscador de tesoros Bill Paxton su viaje en el transatlántico, su historia amorosa con Jack (Leonardo DiCaprio) y lo de la tabla, la anciana Rose (Gloria Stuart) tira por la borda el Corazón del Mar, la joya que motivó su flashback de 3 horas. Para finalizar, y para estrujarnos el corazón completamente, vemos de qué manera su versión juvenil (Kate Winslet) se reúne con su amado.

El final que pudimos haber visto: ¡Hombre, señor James Cameron, usted de nuevo por acá! Antes de decidirse por un colofón sigiloso y también intenso, el canadiense rodó otro final, muy afín. Sólo que, acá, Rose tiraba la alhaja al mar en presencia de su nieta y del arqueólogo, tras soltarles un discurso sobre el poder del amor y todas y cada una esas cosas.

¿Por qué razón no hubiese molado? El exceso de verborrea es uno de los peores enemigos del drama, y este final de Titanic es una buena prueba de ello. ¿Qué hubieses preferido tú: la versión original, con su intensidad silenciosa, o bien una tópica parrafada final? Si esta escena se hubiese quedado en el montaje definitivo, el filme hubiese acabado hundiéndose antes de llegar a puesto. Ejem.

El final que vimos: Como mandan los cánones de Star Wars, aquí la cosa va de montajes paralelos. Por una parte, Darth Vader se redime, salvando a su hijo Luke Skywalker (Mark Hamill) del Emperador Palpatine (Ian McDiarmid), y muriendo en el proceso. Por otro, Han Solo (Harrison Ford) y la princesa Leia (Carrie Fisher) destruyen los escudos de la segunda Estrella de la Muerte en la luna de Endor. Y, a consecuencia de lo anterior, Lando Calrissian (Billy Dee Williams) revienta la mentada estrella a los mandos del Halcón Milenario. Al final, la trilogía queda rematada con un fiestón en el poblado de los Ewoks.

El final que pudimos haber visto: Aquí, estando George Lucas de por medio, hay que charlar de “finales”, pues este señor nunca sabe lo que desea. Pero Harrison Ford jamás le perdonó que renunciase a su decisión de matar a Han Solo a media película, optando en su lugar por “aquella celebración hawaiana con ositos de peluche”. Según parece, ‘tío George’ creía que, si el contrabandista corelliano estiraba la pata, sus figuritas se venderían menos. Y, claro, como cobra a tutiplén por el merchandising…

¿Por qué no hubiera molado? ¿Estamos de coña? ¡Es Han Solo! Un personaje de este modo de simbólico no podía caer simplemente acribillado por soldados de asalto: precisaba una muerte épica. Probablemente, visto Star Wars: El despertar de la Fuerza, J. J. Abrams pensaba lo mismo. Y Ford, que se deshizo por fin de su personaje más odiado, debió de agradecérselo mucho.

El final que vimos: La última entrega de la trilogía mutante original no dejó satisfecho a casi nadie. Mas, en la medida de las posibilidades, ofreció conclusiones: Lobezno (Hugh Jackman) mataba a la Jean Grey de Famke Janssen por aquello de la Fénix Obscura, y tal, y (en una pionera escena blog post créditos) el profesor Xavier de Patrick Stewart parecía haberse reencarnado, y todo. Luego, Bryan Singer aprovecharía X-Men: Días del futuro pasado para ajustar cuentas…

El final que pudimos haber visto: Brett Ratner llegó a rodar tres escenas auxiliares para redondear su colofón. En una de ellas, Tormenta (Encuentre Berry) ocupaba su sitio como nueva directiva de la Escuela Xavier; en otra, Pícara (Anna Paquin) volvía junto al resto de mutis sin haber renunciado a sus poderes; y, en la tercera, Lobezno (Hugh Jackman) lo mandaba todo a tomar por saco y retornaba al bar donde lo veíamos al principio del primer filme.

¿Por qué no hubiera molado? Porque hubiese supuesto un remate muy flojo a una película que, ya por sí, resultaba pocha. Además, dejando a Lobato en un punto tan bajo, hubiera puesto considerablemente más difícil que el personaje llegara a la conclusión gloriosa de Logan. 

El final que vimos: “Tara… es mi hogar. Iré a mi casa. Idearé algo para hacerle volver. Verdaderamente, mañana será otro día”. Si no te suenan estas palabras, pronunciadas por una desafiante Vivien Leigh, lo mismo necesitas ponerte más a fondo con el cine clásico…

El final que pudimos haber visto: Un guion alternativo, descubierto en 2014, reveló que la película de Victor Fleming (y de otros directivos, como George Cukor, que no aparecieron en los créditos finales) podría haber tenido un epílogo. En él, veíamos a Escarlata O’Hara en su finca de Tara, llorando las ausencias de Rhett Butler (Clark Gable). La página en cuestión fue subastada en la red de redes.

¿Por qué no hubiese molado? Porque Escarlata O’Hara es una muy grande bastarda, sí, mas asimismo una mujer que piensa por sí misma y jamás se da por vencida. Si el filme hubiera acabado con ella hecha pedazos, en vez de mostrárnosla levantándose y siguiendo adelante, una buena parte de su valor icónico se hubiera perdido.